Aunque los días nos estrujen como sogas mojadas,
aunque el mundo nos borre el rostro y el nombre,
aunque la duda nos muerda los talones con saña,
seguimos respirando, terca raíz en la grieta,
reclamando el lugar que nadie nos dio.
Ser es un acto salvaje y callado,
una llama que se niega a morir bajo la lluvia.
Mientras lata un corazón rebelde en el pecho,
mientras un nombre se atreva a pronunciarse,
lo imposible se incendia y se vuelve desafío,
y el desafío se templa hasta volverse certeza:
Estamos aquí para ser,
cueste lo que cueste,
valga lo que valga.

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