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miércoles, 13 de mayo de 2026

El polvo del camino: (Manifiesto de escritura en tiempos de IA)

Vengo de una estirpe de pies cansados y gargantas rasposas por el polvo del camino. En mi tierra los cuentacuentos no necesitaban libros: llevaban las historias metidas en el pecho y las soltaban con el aliento, dejando que el sol, el viento y las leguas les torcieran las palabras hasta que sonaran a vida de verdad.

Hoy soy uno de esos herederos. Mi camino ya no es de tierra rojiza, sino de cables, pantallas y algoritmos. Aun así, el corazón sigue siendo exactamente el mismo.

Por eso me esfuerzo por mejorar mi lenguaje, explorar otros estilos y encontrar formas más precisas de contar. No lo hago por lucirme, sino por respeto al oficio y porque quiero que cada lector sienta que estas palabras le hablan de cerca, casi al oído. Incluso así, ese esfuerzo constante levanta sospechas.

Uso herramientas de este tiempo. A veces una IA me ayuda a domar una frase rebelde o a crear una imagen que acompañe el relato. Sé que eso hace que más de uno frunza el ceño y piense: “Esto está hecho por máquinas”. No los culpo. Hoy cualquier texto demasiado limpio despierta desconfianza.

Pero quiero que quede muy claro algo: ninguna máquina conoce el nudo que se me forma aquí, en la garganta, cuando vuelven ciertos recuerdos. Ni la rabia callada de algunos silencios que duran años. Ni la decepción de ciertas deslealtades que todavía pesan al nombrarlas. Ni cómo llevo pegado a la piel el polvo que los pies levantaron al seguir mis propios caminos. La IA puede ser un buen bastón, sí, pero el peso del cuerpo, los pasos y el cansancio siguen siendo míos.

Desde siempre ha sido así. La hipérbole, el ritmo que se quiebra, la imagen que duele o que arranca una risa han salido del mismo lugar: de haber vivido, tropezado, observado y seguido contando a pesar de todo. Las ilustraciones que acompañan mis historias pueden nacer de un prompt, es cierto, pero el alma del relato, la intención, las cicatrices y la mirada obstinada brotan de mí. Solo de mí.

Este es mi manifiesto, simple y terco:

Escribo porque tengo algo que decir 
y nadie más lo dirá como yo. Uso las herramientas de mi tiempo porque no quiero quedarme atrás. Pero la voz, las dudas, las obsesiones y el latido siguen siendo míos.

Y seguirán siéndolo mientras me queden caminos por andar y relatos por narrar... aunque algunos quieran ver en ellos solo píxeles, porque la IA ya marca sus vidas mucho más de lo que marca la mía.


Nota del autor: Este texto es una reflexión sobre mi proceso de aprendizaje y exploración narrativa. Mientras que las imágenes son un apoyo visual asistido por tecnología, este relato (como todos en mi blog) es fruto de mi propia autoría, de mi búsqueda por conectar con diferentes voces y de mi profundo respeto por el arte de contar historias.


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