03 junio, 2021

Legiones. Relato Corto

Impaciente, la niña observó por enésima vez el reloj en la pared. Le parecía terriblemente aburrido tener que esperar hasta la hora señalada pero había cometido la estupidez de convocar a esa hora y ya no podía retractarse o no llegarían todos. Para el futuro tendría que programarse mejor.

Miró por la ventana de la sala con la esperanza de observar un relámpago o un trueno que la sacara de su aburrimiento. Solo la impasible lechuza del gran árbol del patio montaba guardia a la entrada de su agujero.

Un movimiento sobre el alfeizar de la ventana llamó su atención. Aparentemente después de trepar desde el exterior, un pequeño insecto parecido a una cucaracha trataba de entrar a la casa por la ventana abierta. Tal vez era algún tipo de escarabajo,  pero no podría asegurarlo.

Lejos de asustarse por la presencia de aquel bicho, la niña pareció alegrase de encontrar algo para entretenerse. Puso su mano con la palma hacia arriba y lo empujo con un dedo hasta subirlo. Elevándolo hasta su rostro, le sopló con delicadeza el polvo del caparazón y le sonrió con cariño.

No entendía como las personas podían odiar tanto a criaturas tan hermosas y delicadas. Solo querían vivir sus vidas sin molestar a nadie.  Y lo hacían en los rincones de la casa más ocultos y alejados para que nadie se ofendiera o asustara de su presencia. Esta cosita en particular había decidido vivir afuera, en las bases de la casa, para que ni siquiera sus patitas dejaran un rastro que la delatase.

Cuidadosamente llevó el insecto hacia el interior de la casa. Alumbrándose con la linterna se dirigió hacia una pequeña mesa en una esquina de la habitación.

Perdón por la luz chicos, pero no puedo ver en la oscuridad y no quisiera pisarlos —dijo, mientras caminaba por la habitación casi en puntas de pies.

Es que a su paso, pequeñas sombras se apresuraban a apartarse con una notoria aversión al suave círculo de luz emitido por la linterna de mano.

Un poco más de atención habría permitido a un observador curioso reconocer en aquellas sombras a decenas de insectos bastante parecidos al que ahora llevaba en su mano y que, en este caso no había duda, eran cucarachas… decenas, tal vez cientos de ellas huyendo de la luz.

En su afán de caminar cuidadosamente, la niña trastabilló hasta casi caer. Tratando de proteger al insecto que llevaba en la mano, su linterna rodó por el suelo alumbrando con más amplitud la habitación donde se encontraban. Aunque la recuperó con rapidez, los segundos de luz proporcionados mostraron que las decenas de sombras delante de la niña se multiplicaban por millares en el resto de la habitación.

En una escena dantesca, millones de insectos de infinidad de especies se amontonaban en un agitado mar de antenas, patas y alas de toda forma y tamaño. Al huir de la luz, los cuerpos en fuga producían un tétrico entrechocar que recordaba el rasguñar de la madera en el bosque.

Ya va, ya va, ¡Tropecé!  ¿entienden? Hoy son muchos más, hay que entrenar un poco para ser más ordenados.  

Miró hacia arriba tratando de percibir alguna señal de que alguien había sido alertado de lo que pasaba en la sala. En un momento, su duda se disipó y, más tranquila, colocó su amigo junto a un montón de la misma especie que esperaba sobre una pequeña mesa.

De todas formas, dudaba que alguien quisiera bajar, aun habiendo escuchado algún ruido. Todos sabían, de alguna forma, del vínculo que se había formado entre ella y sus amigos desde que se habían mudado a aquella casa. Sabían, pero el miedo les obligaba a callar y hacerse los ignorantes.

Ahora tenían miedo, claro. Por sus nuevos amigos, pero antes se burlaban, la humillaban. En especial el idiota del novio de su hermana. No perdía oportunidad de lucirse, burlándose, poniéndole apodos, arrojándole cosas. 

Solo que cometió el error de hacerla enojar, de tratar de quedarse con su habitación para estar cercar de su hermana. Una vez allí, trató de acabar con sus amigos y ella no lo podía permitir. Ahora, el estúpido se encontraba en un hospital, con lo que los médicos llamaron “una crisis psicótica”, hablando cosas de “cucarachas, arañas y bichos asquerosos que se le subían por todo el cuerpo y lo mordían”.

Aun no podía creer el infierno que había desatado aquel estúpido aquella noche apoyado por su misma familia. Decenas, tal vez cientos, de sus amigos habían perecido aplastados, envenenados o simplemente asfixiados en un sanguinario desenfreno que ella no había podido evitar.

No lo pudo evitar, pero si lo pudo cobrar. La noche siguiente sus amigos y ella le mostraron de lo que era capaz al estúpido, y a su familia traidora que lo apoyó. Y, como dijo, él estaba ahora en un hospital y sus padres, hermano y hermana en sus cuartos sometidos por el miedo.

Y ella estaba allí, con sus amigos, regodeándose en su poder sobre ellos recién descubierto y en los planes que gestaba para el futuro. Los entrenaría, les enseñaría como trabajar al unísono. Le enseñaría a sus legiones cómo convertirse en un único insecto, gigantesco, poderoso, invencible. … y luego saldrían al mundo, a tomar lo que por derecho les pertenecía.

Allí, en ese momento, la humanidad parió un enemigo.



"Legiones" es un relato escrito como aporte a la convocatoria de la edición XXVII del concurso de relatos realizada por EL TINTERO DE ORO en Junio de 2021. En esta oportunidad, el tema propuesto rinde un homenaje a ROALD DAHL y su MATILDA.

La convocatoria y sus bases puede apreciarse en el siguiente banner. recomiendo la lectura de la investigación realizada por David Rubio en El Tintero de Oro, esta simplemente ¡ESPECTACULAR!



17 mayo, 2021

Relato: Sombras

Vencido por la momentánea incapacidad de sus pulmones para oxigenar su sangre, el muchacho calló de rodillas sobre las rocas del camino. Desesperado, inhaló todo el aire que su boca fue capaz de atrapar en un intento por recuperar el aliento después del extraordinario esfuerzo por correr hasta allí a través del bosque.

¡Ya viene, corre! –  La voz en su oído lo sacó bruscamente de sus pensamientos obligándolo a levantarse y a tratar de seguir avanzando sin saber hacia donde se dirigía. Apremiado por aquella voz, y por la sensación opresora de que algo lo seguía, solo se concentró en obligar a sus pies a moverse entre las hojas y las ramas que alfombraban el suelo.

¡Más rápido, ya viene! – la voz delante de él parecía llamarle, guiarle en una huida que por alguna razón parecía ser cosa de vida o muerte. 

En la mañana de ese día, la idea de hacer un tik tok en la entrada de la abandonada mansión de la tía Emilia parecía divertida. Máxime cuando la belleza del barrio puso en duda su valor para llevar a cabo el reto. No creía en los cuentos de viejas locas y niños asesinados que se decían en la ciudad y los enormes ojos de la chica eran una promesa de mucho lujo como para pasar por un cobarde. Así que, no muy convencido, recogió el reto y se preparó para la hazaña.

¡Para!.. ¡Para! – la voz le obligó a detenerse nuevamente en la oscuridad. La orden llegó justo a tiempo, delante de él se extendía el borde de una barranca que se escondía entre las sombras como la boca del lobo que espera oculto su presa. En su carrera desenfrenada, el muchacho había olvidado que solo había un camino para regresar a la carretera principal y pasaba por un viejo puente peatonal que, desde donde estaba, no podía ver.

Ella está aquí, ¡Corre! – dijo la voz, esta vez desde su izquierda, pero el agotamiento había afectado sus reflejos y esta vez solo acató a mirar atrás hacia el camino recorrido. Solo alcanzó a percibir las mismas sombras que, amenazadoras, parecían rodearlo jugando con su imaginación. 

Sin atreverse a reaccionar, su atención se dirigió hacia una de aquellas sombras que, de repente, pareció destacarse entre las otras. Aquella sombra, que vagamente recordaba una figura humana, se desplazó por el bosque aumentando de tamaño como si fuese una proyección que usara árboles y arbustos como pantalla. 

¡Te quiere, como a nosotros!... ¡CORRE!.. - La presurosa voz en su oído  funcionó como una descarga eléctrica que le puso en movimiento bordeando la barranca. Podía sentir en la piel de su nuca la sombra maligna tras del él. Y, esta vez estaba seguro de que no lo imaginaba, podía ver huyendo delante de él a la otra pequeña sombra que le guiaba. 

La primera vez que la sintió fue al llegar a la vieja casona un poco antes. Parado en la entrada de la casa, sobre los viejos tablones de madera, comenzó a grabar el mensaje que pensaba le aseguraría los favores de su amiga. De súbito, sintió como unas pequeñas manos lo empujaban por la espalda con tanta fuerza que perdió el equilibrio y cayó al piso fuera de la casa. Inmediatamente un trozo de viga del techo pareció rodar y caer justo en el sitio donde estaba parado antes de su caída. El peso de la viga y la fuerza del golpe fueron tales que abrieron un enorme hoyo en el piso de madera. Hubiera muerto sin duda alguna de no haber sido… ¿empujado?

En aquel momento, desde el piso, la sorpresa se transformó en pánico ante la figura aparecida en la puerta de la vieja casona. Como en una película de terror, una espantosa mujer le miraba con ojos inyectados en sangre. De traje y sombrero como en esas viejas fotografías de la abuela, la mujer levantó un palo, tal vez un bastón, haciendo gestos amenazadores hacia él en una espantosa mímica que mínimo presagiaba una paliza.

¡Corre tonto, va a atraparte! – Dijo aquella voz, dejándose oír por primera vez. Y fue tanto el apremio que, sin pensarlo dos veces, se levantó y salió a escape buscando el camino por el que había llegado.

Una vez más sin respiración, tuvo que detenerse para recuperar el aliento. – No tienes tiempo, está aquí – le urgió la voz, pero no tenía fuerzas para atender la urgencia con la que le apremiaba. 

Con gran esfuerzo dio un paso hacia adelante intentando seguir el camino. Pero en ese momento, algo pesado le golpeo en mitad de la espada con tanta fuerza que tuvo que arquear los hombros hacia atrás para soportar el dolor. Sea lo que fuera, mujer o sombra, lo que le perseguía le había alcanzado en aquel momento de debilidad y le había demostrado sus intenciones con ese único golpe poderoso.

Un súbito empujón de adrenalina le hizo tomar una gran bocanada de aire y sus pies se movieron con una energía impensable un segundo antes. La luz de la luna logró colarse por entren las ramas y un camino parecía extenderse delante de él permitiéndole ver, a escasos metros, como su sombra guía escapaba rauda por allí. 

¡El puente, allí está el puente, si llegas a la carretera no podrá seguirte! – le urgió aquella voz.


En efecto un brillo blanco, más brillante que el que la luna le regalaba, revelaba la presencia de las luminarias de la carretera principal. Unos pasos antes, pudo diferenciar la estructura del destartalado puente de madera ya a unos pocos metros de distancia. No quiso mirar atrás, pero cada milímetro de su piel sentía la presencia maligna que le seguía, y que sabía no descansaría hasta alcanzarlo. 

En un último esfuerzo, y sin ver nada más que aquella luminaria, cruzó raudo el puente salvador sintiendo como las viejas tablas crujían quejándose bajo sus pies. Agotado hasta casi el desmayo, cayó al otro lado en la carretera de asfalto, sintiendo como su pecho parecía abrirse en dos por el titánico esfuerzo para respirar.

Tuvieron que pasar unos minutos antes de poder levantar la cabeza y atreverse a mirar el camino andado. Entre las sombras vio claramente a un niño mirándolo sonriente al otro lado del puente, como si le divirtiese alguna picardía. 

Mirando hacia un lado de la barranca, impulsado por algo que vio, el niño corrió hacia el lado contrario desapareciendo en el bosque. Tras él, de entre la maleza, surgió otra figura esta vez perfectamente reconocible a la luz de la luna. Era aquella mujer, bastante mayor, con un recatado vestido de falda ancha hasta el tobillo,  un amplio sombrero y un peculiar bastón en la mano.  

Dando una última mirada al muchacho al otro lado del puente, la mujer extendió su bastón hacia él de una forma amenazadora y partió tras el niño en la profundidad del bosque. 

Mirando el brillo en el horizonte que revelaba la llegada del nuevo día, el muchacho comprendió de pronto que había sido testigo y victima colateral de un encuentro entre dos almas en pena que le habían tomado como premio. Un encuentro que vaya usted a saber desde hace cuánto se libraría y que aparentemente, gracias a Dios, el niño había ganado en esta oportunidad.

Ya recuperado, se levantó del suelo y tomo el caminó principal hacia la ciudad. Una sonrisa apareció de repente en su rostro, acababa de darse cuenta de que había perdido el móvil con la prueba de su visita a la vieja casona. Después de todo, aquellos grandes ojos tendrían que esperar, no pensaba ni en un millón de años volver a reclamar su teléfono. En realidad, dudaba tener que hacerse de uno en algún tiempo.


Nota: Esta historia de ficción está basada en la leyenda de la CASA DE LA TÍA TOÑA. Esta casona, ubicada en pleno bosque Chapultepec de la ciudad de México, es protagonista de una leyenda urbana plagada de locura y crímenes. Alimentada por las historias populares, la casa se ha convertido en un atractivo casi turístico que ha provocado varias muertes por el deseo de las personas de comprobar el mito. 


Puedes escuchar el relato Aquí (10:29 min)

 
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08 mayo, 2021

Microrrelato: La Fuga

Cinco años planificando, preparándose para ese día.  Memorizó calendarios, planos y rutinas. Aprendió a reconocer cada ruido externo, cada sonido ocasionado por el viento contra su prisión.

Tanto cuidado para preparar su plan de fuga y ahora todo parecía irse al demonio. Allí parado en la calle, a medio centenar de metros de la libertad, el miedo más profundo le paralizaba al observar con terror lo único que no había previsto.

Es que en la estrecha vereda, justo en medio de él y su libertad, la materialización de sus más oscuras pesadillas le miraba con maléficos ojos. Ojos en los que se revelaba cierto brillo de burla.

Toda una vida creando hábitos seguros basados en el miedo. Tanto calcular movimientos para evitar encuentros fortuitos y allí estaba el maldito mirándole, saboteando su vida una vez más.

De pronto, aquel engendro del infierno dio un pequeño paso hacia adelante y esa cosa asquerosa salió de su boca en búsqueda de quién sabe qué presa en la oscuridad… Y eso fue todo. De un salto dio la espalda a su enemigo y, con la premura del que huye del diablo mismo, corrió a la seguridad de lo que antes consideraba su prisión y ahora veía como su refugio.

Ya en su cama, el hombre comenzó nuevamente a planear su futura fuga. Comenzó a registrar nuevamente planos, sonidos y rutinas. Pero esta vez tomó nota mentalmente - Para el día cero, asegurarse de que ¡NO HAYA SAPOS!

 


Nota: La Bufonofobia (Miedo irracional y exagerado a los sapos) es uno de los cientos de trastornos de ansiedad comúnmente conocidos como “Fobias”. Aunque sus síntomas varían en cada persona que la padece, esta fobia es un problema real que puede resultar incapacitante y reviste cierta gravedad en casos en que la ansiedad se torna crítica. 

Aunque a muchos puedan parecer exageradas y hasta divertidas, las fobias son un problema serio y las personas que las padecen requieren apoyo y ayuda externa para superarlas o, al menos, convivir con ellas.

Para saber mas: Bufonofobia (miedo a los sapos): síntomas, causas y tratamiento


 

Microrrelato escrito para el reto del mes de Mayo en el Tintero de Oro



Puedes escuchar el relato Aquí (3:50 min)

 
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18 abril, 2021

Relato: Las Caras de la calle La Rosa

La mujer hizo lo posible por ocultarse tras las cortinas mientras veía por la ventana. Su cara de hastío reveló la poca gracia que le hacía lo que estaba viendo afuera.

Refunfuñando, se retiró de la ventana y, de rodillas, reanudó su trabajo con ahínco y dedicación. Con una gruesa esponja mojada en agua jabonosa, procedió a fregar vigorosamente las antiguas losas de piedra que cubrían el suelo de la pequeña cocina.

Con dificultad y cierto gesto de dolor en el rostro,  se levantó una vez más y paseó su vista por el piso que aun permanecía húmedo por el jabón y el agua de la esponja. Su empeño, en apariencia, daba buen resultado ya que se veía muy limpio y sin manchas. Sin embargo, esto no eliminó la expectativa que reflejaba su rostro. Siguió mirando fijamente, como esperando algo que de alguna manera sabia vendría.

Inmóvil, no apartó la vista de una suave sombra que había localizado cerca de la mesada. En segundos, esta sombra parecía hacerse más definida, mas contrastante con el fondo pálido del piso. 

Poco a poco, a medida que el piso se secaba, y como si se tratara de las trazas de sal que el agua de mar deja al retirarse, formas y líneas fueron revelándose hasta mostrar una imagen perfectamente definida y reconocible. En el piso de la cocina, había aparecido la imagen de una mujer con la cabeza cubierta y profundos ojos que parecía sonreír a la otra mujer de carne y hueso que la miraba.

¡Ahí estás! – Farfulló en voz baja con una marcada expresión de alivio en su rostro.  

Cuando comenzaron a aparecer las caras, ocho meses antes, podían ser lavadas de la piedra y tardaban algunos días en aparecer nuevamente. Ahora, ni siquiera esperaban a que se secara el agua de la esponja para materializarse. Cada vez más definidas, más expresivas.

No importa cuánto empeño ni qué técnica usara para eliminar las imágenes. Invariablemente regresaban, primero esta mujer que parecía de esas mujeres de las de “antes”, luego un niño con el torso desnudo y después, aleatoriamente y rodeando las dos anteriores,  las otras cerca de 30 imágenes de personas diferentes.

Al correrse la voz, la gente comenzó a acudir y el “Milagro de la calle La Rosa” comenzó a hacerse famoso primero en el pequeño pueblo, luego en toda la provincia y, al final, en todo el país y sus vecinos. Por cinco pavos, las filas de personas podían satisfacer su curiosidad y echar una mirada a las “Caras de La Rosa”.

Todo parecía ir bien hasta que la gente comenzó a reconocer en las imágenes a sus seres queridos fallecidos. Esto provocó una estampida de personas que querían ver el fenómeno. La afluencia de gente se hizo incontrolable y la calle de La Rosa se convirtió en poco menos que un circo donde la gente acampaba, predicaba o hasta hacia sesiones espiritistas en honor a lo que llamaron la “Virgen de la Rosa” y sus seguidores.

Hasta un periodista hizo un famoso artículo que tituló “La fotografía del cielo, una instantánea real de la Virgen María y Sus Apóstoles” que dio la vuelta al mundo y que, como si hiciera falta, agravó aún más la situación. Es que el artículo iba acompañado de una fotografía real de las imágenes en la que gente de otras latitudes pudo reconocer también a sus deudos.

El artículo provocó que se desatara la locura colectiva. Las decenas de personas que  visitaban la casa diariamente se convirtieron en centenares en pocos días. Visitantes de todas las latitudes convirtieron la calle en un boulevard en el que había gente acampando durante días. Locos de todo tipo trataba de llevarse “reliquias” destruyendo el jardín, la reja protectora y hasta trataron de llevarse los ladrillos de la pared delante de las mismas narices de su dueña.
 
Hastiada, la mujer cerró su casa y se atrincheró en ella para evitar el contacto con la gente de afuera dedicándose a lavar los pisos de cualquier forma que se le ocurriera. La labor, sin embargo, no solo resultaba inútil sino que la situación parecía agravarse cada vez más. A medida que llegaba más gente afuera, parecía ocurrir lo mismo en las imágenes del piso. De las poco menos de 30 originales habían ahora cerca de 100 imágenes rodeando la imagen de la mujer y el niño.

¡Merde! – la maldición de la mujer se disparó por un descubrimiento recién realizado. En la parte más cercana a la puerta que daba al patio trasero de la casa, una nueva figura estaba comenzando a aparecer. La imagen no tardó más que unos segundos en definirse totalmente. Un hombre grande, con una poblada y descuidada barba parecía mirarla desde el piso. No parecía haber marcas o nada que lo indicase, pero esa expresión diabólica que podía adivinarse en las líneas de esa silueta aseguraba que esta imagen era totalmente distinta a las demás.

Este nuevo personaje había comenzado a aparecer unas tres semanas atrás. Siempre venía en solitario, alejado del resto del grupo. A veces parecía estar mirando al grupo anterior, y en esos instantes esa expresión de furia demoníaca parecía hacerse más marcada, más terrorífica.

A los pocos días, la  nueva imagen ya no estaba sola. Otras figuras, algunas ya conocidas que se apartaron de la imagen de “La Virgen” y otras que nunca había visto antes, comenzaron a rodearla. A falta de un nombre más adecuado, y resistente a confirmar sus miedos, decidió llamar la nueva figura simplemente “Paco”, en remembranza a un tío suyo de quien su mamá se expresaba como “del mismo diablo”. Fue a partir de esta aparición que la mujer se dedicó con más ahínco a lavar los pisos. Al contrario que las de “la virgen” esta nueva figura y las que le rodeaban le causaban un intranquilidad inexplicable.

Una vez mas, la mujer apartó por un momento la vista del piso y echó una mirada nuevamente por la ventana a pesar del evidente desagrado que le causaba lo que veía afuera. En su cara se notaba la misma aprensión que mostraba al esperar la materialización de la imagen de “Paco”. Esperaba algo allá afuera que aún no lograba ver.

De repente, entre la multitud, lo vió. Alto, más alto que todos los que estaban allá afuera por al menos una cabeza. Barba que seguramente no había recortado nunca, sucia y enredada con una especie de cola de caballo al final amarrada con alguna cinta o algo que no se apreciaba por la distancia.. y esos ojos, con ese brillo diabólico que revelaba maldad pura, desprecio y odio por todos los que le rodeaban.. especialmente por la mujer que le miraba desde la ventana…

Definitivamente, era el hombre cuya imagen reposaba en su piso y que en ese momento también la miraba en una especie de diabólica gavilla de gemelos en su contra. Desde la ventana, la mujer pudo ver el grupo de personas que rodeaban al “Paco” de carne y hueso. Pudo identificar al menos tres de las figuras de su piso y que habían abandonado la imagen de “La Virgen” para agruparse con la “otra”.

Más que con miedo, con resignación, volvió a correr la cortinas de la casa y se puso de rodillas en el piso para comenzar nuevamente la labor. Una sonrisa afloró en su rostro apuntalando la actitud de aquel que sabe lo que viene.

La gente que estaba allá fuera no sabía nada. En realidad, aquel periodista casi que da con la verdad. Tuvo en principio algo de razón, las imágenes si eran una especie de fotografía pero no del cielo como promocionó. 

Las imágenes eran una instantánea de las cosas en la tierra, de la guerra que estaba a punto de librarse y de los bandos que entrarían en batalla. Batalla que iniciaría allí, en su pueblo y cuyas huestes ya se habían reunido esperando la orden final.

Frotando vigorosamente las losas del piso su sonrisa se hizo más profunda al fijarse en una imagen en especial. Se preguntó cómo era posible que nadie se hubiera dado cuenta que una de las primeras en rodear a la bendecida madre fue ella misma, la guardiana del portal, la sucesora de aquellos arcángeles primigenios de los días antiguos… 

Con la dedicación de quien tiene conciencia de la responsabilidad asumida, frotó vigorosomente la piedra... sabía que ya pronto tendría que cambiar la esponja por la espada, y enfrentar al abismo.


Nota: En 1971, en Bélmez de la Moraleda (España), un fenómeno catalogado como paranormal salió a la luz pública causando gran revuelo mediático. Imágenes que se identificaron como caras y cuerpos de personas aparecieron misteriosamente en el piso de una casa de la vecindad sin explicación alguna. La historia real de Las CARAS DE BÉLMEZ inspiró el relato de ficción publicado en esta entrada.



Puedes escuchar el relato Aquí (11:06 min)

 
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09 abril, 2021

Relato: Fantasmas de una vida sin miedos

Acostada en la semioscuridad de su habitación, iluminada solo por una pequeña lámpara de pared, la mujer esbozó una sonrisa auspiciada aparentemente por algún pensamiento que pasó por su mente. Es que, ahora que lo pensaba, más que curiosas le parecían divertidas todas esas historias sobre la extraña locura que parecía ser la maldición de las mujeres de su familia.

Una locura “simple”, diría su padre o “sin consecuencias” como diría el tío Arturo. La cosa es que esa manía de hablar sola durante horas, que puso de moda la bisabuela Jacinta, se repitió sin falta en cada generación siempre con alguna de sus descendientes dedicada a tan curiosa afición. 

Esta afición extraña de hablar con “nadie”, y que el abuelo Antonio achaca a una “estupidez genética de las hembras”, a entender de la chica pensadora parecía más un escape a otra situación más difícil de manejar que una rara extravagancia.

Es que, además de hablar solas, esas mujeres también cargaron con la cruz de un matrimonio que más parecía una penitencia que cualquier otra cosa. De hecho, según el abuelo Manuel, las primeras historias de la bisabuela y su interlocutor imaginario comenzaron luego de una soberana golpiza que su marido le propinó en una noche de borrachera.

Aunque nadie hablaba mucho de eso, el abuelo Manuel heredó todas las malas mañas de su Padre y ninguna de las buenas de su madre. Sin embargo, de alguna manera, el abuelo encontró una mujer con el mismo carácter sumiso de la bisabuela con la que formar una familia propia, a su gusto y medida.

Pobre abuela – Dijo la mujer en voz alta, recordando la cruz de su propia abuela viviendo con el terrible hombre que era su abuelo.

Su madre hablaba poco de la vida con el abuelo, pero el inmediato cambio de humor cuando se le recordaba revelaba lo difícil que había sido su vida y la de la tía Carmen, su hermana mayor, bajo el represivo régimen impuesto en su hogar por el viejo Manuel.

Aun recordaba la cara de la tía Carmen, con esa gran cicatriz en la sien derecha causada por una “fuerte reprimenda” de esas que el viejo solía aplicar a sus hijas. Su madre, una de esas pocas veces que habló de su niñez, contaba como poco después del castigo su hermana comenzó a pasar noches enteras jugando con su “amiguita” Penélope que, por supuesto, solo ella y su incipiente locura veían.

Aquejada por una difícil enfermedad, la tía Carmen había partido varios años atrás. En sus últimos días, ya no hablaba más que con su amiga Penélope la que, al parecer, jamás la había abandonado convirtiéndose en su única compañía. 

Tú, madre, tuviste suerte… encontraste a mi padre – las palabras surgieron de lo más profundo de su ser y un pequeño quiebre en la voz reveló la emoción que sentía -

Con su padre, su madre pareció romper la tradición de tres generaciones con hogares infelices. Cumplido, amoroso y dedicado a su familia. La vida con su padre fue el sueño de toda niña y la ilusión de toda mujer. Solo que la maldición familiar, poco dada a hacer excepciones, actuó bastante pronto… y el padre murió. Murió, y ahí comenzó todo.

Es que la noche luego de su entierro, él regresó. Sin luces, sin cambios en el ambiente, sin avisos de ningún tipo. Simplemente, una noche, él estaba allí parado al lado de su cama… sonriéndole.

Y, como la amiguita de la tía Carmen, su padre nunca se fue. Permaneció con ella tendiendo su mano en momentos difíciles, aconsejándola, confortándola o celebrando con ella según fuera necesario.

Su padre vino, y con él el entendimiento. Las mujeres de su familia con la manía de hablar solas, simplemente no habían enloquecido. Solo tenían la facultad de hablar con seres que habían pasado a otro plano y que habían formado parte importante de su vida. Era un don, no una carga.

¿Con quién hablas nena?... Con nadie mami, estoy cantando – Las palabras surgieron de la boca de la mujer pero venían de un pasado en el que había aprendido a ocultar a los demás las visitas de su padre. Nadie debía saberlo, era su secreto y no debía compartirlo so pena de locura.

Nunca dejó de venir, cada noche o a cada momento en que su soledad lo reclamaba… él venia, y la seguridad de su regazo eran símbolo de un mundo de paz y sosiego que, como en el principio, solo él le aseguraba.  

Han pasado ya cincuenta años desde la primera vez que vino y aún sigue allí a su lado, sonriéndole. Acompañando su soledad, suavizando su vida. Esa vida que ahora siente se le escapa y que ya no tiene fuerzas para retener. 

Vencida por un cáncer terminal que cobraba su premio, la mujer levantó su cara hasta su padre y le sonrió agradecida. Sabía que siempre estarían juntos, que su padre estaba allí para acompañarla a donde se va después y que durante toda su vida no había hecho más que esperarla.

¿Con quién hablas nena?... Con nadie mami, estoy cantando – repitió como una especie de mantra. Luego se levantó de su cama, dejando allí el cascaron maltrecho en el que había viajado toda su vida, y partió al infinito… de la mano de su padre.


Relato escrito como aporte a EL TINTERO DE ORO y su concurso literario



Puedes escuchar el relato Aquí (6:58 min)

 
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10 marzo, 2021

Microrrelato: La Podredumbre Negra

La sombría cara del Doctor confirmó lo que la mayoría de los presentes en la sala esperaba… Manuel había perdido la batalla y ya jamás se levantaría.

Confirmar esta certeza ya aceptada no evitó que la incredulidad me apretujara el corazón. Mi intelecto racional tardaba en asimilar el hecho de que una complexión como la exhibida por el heredero del imperio Martínez fuera vencida por la podredumbre negra en una herida fortuita.

En pleno siglo XXI, la ciencia que nos ha garantizado una impensable esperanza de vida cercana a los 50 años es incapaz de sanar las fiebres ocasionadas por una herida tan miserable. Esta incapacidad, esta ineptitud humana para mantener sana la más estúpida de las heridas, es causa de que cirujanos tan famosos como el mismo Doctor Miller allí presente no pasen de ser míseros carniceros, verdugos que ejecutan sentencias en mesas de operaciones.  

Dudo que alguien pueda explicar el hecho de que las cataplasmas de ajo, jengibre y miel  que usa el Dr Miller, reconocida eminencia de la medicina actual, sean la misma receta “anti biótica” que aparece en el viejo libro de medicina familiar de la abuela Grecia.

Constructores de monstruosos edificios, diseñadores de poderosas maquinas, inventores de armas capaces de arrasar poblados enteros en un soplido y, sin embargo, débiles como bebés ante la herida de un pedazo de hierro con algo de óxido.  

En silencio, abandoné aquella casa reflexionando en lo peligroso de este mundo con tan pocos recursos médicos.

Nota: (Punto Jonbar) Con el descubrimiento de la penicilina en 1928, Alexander Fleming marcó un punto de inflexión en la historia humana. La era de los antibióticos trajo consigo un salto cuantico en la medicina que plantó las bases de la sociedad tecnológica tal y como la conocemos ahora. Pero ¿“Y si” no se hubieran descubierto los antibióticos?

El relato anterior fue escrito para aceptar el Microrreto del mes en EL TINTERO DE ORO

 

Requisitos:

  • 250 Palabras o Menos
  • Genero: Ficción, Ucronía
  • Fecha Límite: 31 de Marzo de 2021

08 febrero, 2021

Los Suicidios de Pueblo Lavanda I. Leyendas de la nueva era.

Cincuenta años después de la aparición de los primeros juegos de video y del inicio de la permanente lucha por la atención de los niños, son muchas las historias que circulan de boca en boca y que involucran diversos aspectos y actores que forman parte de este nuevo mundo tecnológico.

Todos recordamos de alguna manera a aquellos pequeños animalejos que se esconden en unas bolas para hacerlos portátiles hasta que se les llame para luchar entre si. Estos “Monstruos de bolsillo”, “Pocket Monsters” o “Pokemones” como todos los conocemos,  son muy famosos ahora por una serie de dibujos animados para la televisión y una que otra aventura en la pantalla grande muy popular entre niños y jóvenes.
 
Aunque la mayor parte de nosotros los recuerda por sus aventuras en la televisión, los aguerridos “Pokemones” saltaron a la fama por un juego de video bastante simple que salió a la venta en Japón a finales del siglo pasado. Diseñado especialmente para un tipo portátil de consola, los niños japoneses aceptaron y se aficionaron rápidamente a las aventuras de los mostritos no existiendo prácticamente ningún niño que no disfrutara del juego en alguna oportunidad.

El problema es que, según la leyenda popular, el sencillo juego no era tan inocente como aparentaba y, mientras los niños jugaban con él.. algo parecía pasar con sus frágiles mentes en desarrollo provocándoles graves y peligrosos cambios en su conducta.

Según se cuenta, los niños comenzaron a presentar extraños síntomas entre los que se encontraban dolores de cabeza, irritabilidad y hemorragias nasales. Dicen los que multiplican esta historia, que algunos de los niños afectados llegaron hasta provocarse graves heridas auto-infringidas. Los casos de niños afectados fueron multiplicándose y haciéndose cada vez más graves hasta que, tristemente, muchos niños llegaron a tomar la triste determinación de acabar con sus vidas movidos por una profunda depresión. Al menos, esto es lo que se cuenta.

De todas las historias que circulan en internet, existen pocas referencias precisas de cómo los niños decidieron acabar con sus vidas pero algunos hablan de ahorcamientos y otros de cosas terribles con cuchillos y maquinarias. Tampoco hay un acuerdo general sobre la cantidad de niños afectados. Algunos dicen que fueron cerca de doscientos niños, pero parece haber cierta tendencia a repetir la cifra de 104 pequeños fallecidos solo en el año 1996 por esta causa.

Lo que si comparten todas las versiones de la historia es que los niños fallecidos, sin excepción, habían estado jugando con sus consolas portátiles las primeras versiones del popular juego, conocidas como “roja” y “verde”. Según la creencia, los niños habían superado correctamente y sin inconvenientes todos los niveles iniciales del juego. Cuentan que todos los niños afectados se encontraban jugando, al momento de presentar los síntomas, el nivel conocido como “Pueblo Lavanda”. En el juego, este lugar se corresponde con un cementerio encantado muy de estilo japonés, con tumbas y fantasmas pokemones, en el que el protagonista debía realizar algunas actividades propias de la historia que representaba.
 
Según la creencia popular, al llegar a este nivel del juego, los niños afectados comenzaron a sufrir de todos esos extraños síntomas descritos hasta que la depresión sufrida les obligaba a auto-agredirse llevando a muchos a tomar, al final, la triste decisión de acabar con sus vidas.
 
Cuentan, sin mostrar evidencias claras, que las investigaciones realizadas demostraron que existía una estrecha relación entre los síntomas mostrados por los niños y la música con la cual los diseñadores del juego habían ambientado el misterioso nivel de Pueblo Lavanda.

Es tan elaborada la historia que, Inclusive, circula en internet una supuesta entrevista a un ex – empleado de la empresa diseñadora del juego en la que denunciaba su responsabilidad directa en la creación de la diabólica melodía. La supuesta entrevista deja entrever la responsabilidad culposa de los diseñadores y su interés comercial al introducirla en el juego a sabiendas de su efecto dañino en las inmaduras mentes infantiles. Se dice que el tema fue creado y modificado de tal manera que, oculto en las notas principales, colocaron acordes en una frecuencia solo audible por los niños. Estos acordes fueron los responsables de los trágicos efectos ya indicados.

Supuestamente, al descubrirse la relación entre el juego y las muertes de los niños, se propagó una violenta reacción en la opinión pública que obligó a la empresa a establecer correctivos para eliminar los efectos negativos. Según se cuenta, los diseñadores modificaron las escalas en la banda sonora eliminando las notas que causaban los mortales efectos en los niños. Una vez obtenida una versión limpia de La canción, el  fondo musical de pueblo lavanda fue remplazado en todas las nuevas ediciones del juego por lo que, hasta hoy no han llegado copias con la versión original de la música en pueblo lavanda.

En la PRÓXIMA ENTRADA hablaremos un poquito sobre las causas de la popularidad de esta historia y las verdades en las cuales podría tener su origen. Mientras tanto, si te atreves, puedes escuchar en youtube un fragmento de la cuestionada canción haciendo CLIC AQUI.


 
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