ll


sábado, 7 de marzo de 2026

El tentador tentado ( Microrrelato)

El diablo habitaba el umbral entre abismo y tierra: un páramo de sombras perpetuas, humo negro ascendiendo como incienso invertido, cenizas danzando en corrientes calientes, ecos lejanos de explosiones amortiguados por niebla de azufre y metal quemado. Brasas eternas iluminaban sin calentar; el tiempo se doblaba en horas o siglos.

Desde allí, observaba el caos en el mundo con un tedio milenario. Veía ciudades ardiendo sin su soplo, hombres devorándose sin necesidad de sus mentiras. La humanidad se destruía sola; y él, inútil, un tentador desempleado, un artesano sin taller.

Deprimido, se hundió en la sombra más densa. C  arcomido por una amarga resignación. Nada era suyo. Nada lo necesitaba.

De repente los vio: en un rincón olvidado, dos personas se abrazaban con entrega serena y absoluta. Un abrazo puro, desarmado, luminoso como luz propia; quietud co nfiada, sin miedo ni cálculo. T ernura intacta que brillaba como estrella imposible entre ruinas.

Tardó en reconocerlo. Luego parpadeó, atónito. No podía creerlo... era amor. Puro. Radiante. Sin mancha.

Sonrió, con una sonrisa lenta, hambrienta, irre verente. Con una alegría oscura y feroz que despertó un fuego antiguo en su pecho.

Porque aquella luz, limpia, proyectaba en su mundo  la sombra más negra. Porque lo perfecto para salvar es infinitamente tentador para corromper.

- No todo está arruinado-. murmuró entusiasmado. - Queda trabajo… y qué dulce será.

Se enderezó, vivo de nuevo, listo para retomar su milenario oficio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario