ll


jueves, 19 de marzo de 2026

La vi de pronto

La vi de pronto,  
como se manifiestan las fuerzas verdaderas:  
sin anunciarse,  
sin pedir permiso,  
simplemente ocupando el lugar  
del que ya no retroceden.  

El vestido negro,  
ceñido e inevitable,  
no intentaba cubrirla:  
la acompañaba,  
como la tierra acompaña a la semilla  
cuando algo empieza a moverse  
bajo la superficie  
y el mundo, por un instante,  
aprende a contener la respiración.  

En ese centro  
habitaba una luz redonda,  
un pequeño universo creciendo en silencio,  
una vida que ensaya su diálogo  
desde la tibieza de lo innombrado,  
desde aquello que aún no tiene nombre  
pero ya conoce su rumbo.  

La curva ascendía despacio  
hasta sus ojos,  
del color de la noche que la envuelve,  
una noche que no oculta,  
sino que guarda  
y sabe esperar.  

Cuando se encontraron con los míos,  
entendí  
que existen tinieblas  
que no apagan nada,  
sino que revelan,  
porque en su sombra  
algo en mí  
aprendía a ver.  

Y en esa luz nueva que empezaba a nacer  
sobre su pecho,  
una rosa brotaba de un corazón abierto;  
se ofrecía sin alarde,  
impulsada por un rumor doble,  
como si aquel latido extra  
le concediera la fuerza necesaria  
para abrirse  
y teñir de rojo  
lo que ya palpitaba dentro.  

En medio de ese pulso compartido,  
ella se erguía completa,  
y el aire parecía apartarse  
con una delicadeza antigua,  
como si supiera  
que dos latidos avanzaban  
resguardados en un solo cuerpo.  

Yo permanecí inmóvil,  
no por falta de impulso,  
sino por respeto al milagro  
que no pedí  
y que, sin embargo,  
ya comenzaba a transformarme en silencio.  

Porque allí, al verla así,  
tan entera, tan hermosa,  
envuelta en su noche fértil,  
algo que llevaba tiempo  
contenido,  
aprendiendo a callar  
en el fondo del pecho,  
cedió.  

No fue un gesto  
ni una decisión.  
Fue el reconocimiento  
de una fuerza  
que ya no acepta cadenas.  

Y entonces el amor,  
Durante un tiempo encadenado,  
se alzó sin pedir permiso,  
se desbordó 
como un río que rompe su cauce  
y lo inunda todo,  
simplemente  
porque ya no sabe  
hacer otra cosa.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario