Hoy el tiempo guardó silencio
hasta que un destello de memoria
devolvió la luz
y te me apareciste clara,
intacta a través de los años.
hasta que un destello de memoria
devolvió la luz
y te me apareciste clara,
intacta a través de los años.
Volviste con el brillo discreto
de aquel cofre diminuto
que siempre guardabas cerca del pecho:
un dije de oro con tu tesoro más íntimo,
el lazo primero que te unió a la vida,
raíz oculta de tu origen
y ancla indestructible al mundo.
que siempre guardabas cerca del pecho:
un dije de oro con tu tesoro más íntimo,
el lazo primero que te unió a la vida,
raíz oculta de tu origen
y ancla indestructible al mundo.
En aquel pequeño oro
comencé a vislumbrar tu mundo:
vida arraigada a la tierra,
hija noble de Mma,
fiel al llamado de Juya
y al aliento del viento.
vida arraigada a la tierra,
hija noble de Mma,
fiel al llamado de Juya
y al aliento del viento.
en tus ojos habitaba una serenidad ancestral
y la fuerza intacta de tu gente.
Allí, en esa mirada que aún me alcanza,
se cruzaron nuestros pasos.
y la fuerza intacta de tu gente.
Allí, en esa mirada que aún me alcanza,
se cruzaron nuestros pasos.
Yo te miraba desde el surco y la siembra,
midiendo el mundo en ciclos y certezas;
tú lo nombrabas desde la sangre,
bajo la guía de Lapü,
el sueño que protege y señala el camino.
midiendo el mundo en ciclos y certezas;
tú lo nombrabas desde la sangre,
bajo la guía de Lapü,
el sueño que protege y señala el camino.
En esa frontera nos encontramos:
mi afán de entender la tierra,
tu certeza de pertenecerle.
tu certeza de pertenecerle.
Y era también en esa forma tuya de habitar el mundo
donde se revelaba tu belleza:
serena, indomable,
guardiana de un linaje que no se explica,
solo se lleva.
serena, indomable,
guardiana de un linaje que no se explica,
solo se lleva.
Nos amamos con verdad,
con la solidez del barro que conserva la huella
y la libertad del aire que no pregunta nombres.
y la libertad del aire que no pregunta nombres.
no sé en qué rincón del mapa habitas.
Pero el tiempo no borra
lo que echa raíz en el alma.
Pero el tiempo no borra
lo que echa raíz en el alma.
Llevo conmigo la huella de tus pasos,
la lección de tu mirada
y la paz de saber que el hombre que soy
guarda en sus cimientos
algo de aquel mundo tuyo
que el tiempo nunca pudo arrancarme.
y la paz de saber que el hombre que soy
guarda en sus cimientos
algo de aquel mundo tuyo
que el tiempo nunca pudo arrancarme.



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