
Hoy no.
El mundo espera en la repisa,
y mis manos, por fin, se sueltan de los engranajes.
Hoy descanso de las incongruencias,
de las deslealtades y de las ausencias;
solo existe una película de Navidad en julio,
el refugio de la cobija y el peso dulce de la almohada.
Bajo esa luz tibia,
el lienzo se queda en blanco,
sin la firma del cálculo
ni la huella fría del método.
El tiempo se detiene entonces,
libre de metas y de medidas;
hoy, simplemente, descanso del mundo,
abrazado a la inmensidad
de no hacer nada.
Mañana será otra decisión.