Se entienden sin hablar,
comparten la costumbre de no quedarse
y el modo transparente de deshabitar los lugares.
A veces el viento llega tarde,
con olor a lluvia vieja
o a horizontes que nunca vi.
Mi corazón le abre
como se abre a un viajero
que regresa siempre con la misma historia.
Tal vez por eso se entienden:
ambos saben lo que es empujar la vida
sin poder sujetarla.
Por eso mi corazón le confía
los nombres que pesan.
los suelta entre la hierba,
hasta que dejan de doler
y se vuelven apenas
un rumor de hojas secas.
Y cuando el aire sopla fuerte afuera,
no tiemblo.
Sé que están conversando,
limpiando de polvo los rincones,
enseñándome a caminar
con poco equipaje
bajo el mismo cielo.


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