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sábado, 3 de enero de 2026

Lo que el espejo no refleja

El frío le envolvió como promesa cumplida. Sintió que su cuerpo comenzaba a ceder mientras cruzaba un umbral difuso. Al abrir los ojos, el desierto se había disuelto; en su lugar emergió un mundo al revés, donde las sombras precedían a los objetos y los juicios se hacían antes que los crímenes.

Había visitado otros lugares extraños: el asteroide del rey que reinaba sobre el vacío, el del vanidoso que solo oía aplausos y hasta uno habitado por un farolero agotado. Pero este jardín era mucho más inquietante.

Frente a él, tres naipes sudorosos teñían de rojo un rosal blanco…. Extrañado, se ajustó la bufanda dorada que flotaba sin brisa y se acercó a la flor más alta, cuyos pétalos goteaban un rojo espeso.

¿Por qué permites que te oculten? — preguntó —. Tengo una amiga a la que cuatro espinas le bastan para protegerse.

La rosa rió con un sonido de cristal roto.

— Aquí no somos responsables de nuestra esencia. Si no somos rojas, nos cortan el tallo. La honestidad es un lujo de las flores que no pertenecen a nadie.

Él miró sus manos, acostumbradas a arrancar baobabs, manchadas por un pigmento artificial. Aquel lugar era una prisión donde el corazón estorbaba al juego de otros.

Sintió un último tirón en el pecho. El regalo de la serpiente disolvió los hilos que lo ataban a la Tierra. Mientras el jardín se desvanecía, sonrió. Escapaba al fin de las apariencias, regresando a lo esencial: invisible a los ojos.







Aporte para el reto
del Mes de Septiembre de 2025 en
(Un micro  inspirado en algún cuento o historia conocida pero alterándola)







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