El frío le envolvió como promesa cumplida. Sintió que su cuerpo comenzaba a ceder mientras cruzaba un umbral difuso. Al abrir los ojos, el desierto se había disuelto; en su lugar emergió un mundo al revés, donde las sombras precedían a los objetos y los juicios se hacían antes que los crímenes.
Había visitado otros lugares extraños: el asteroide del rey que reinaba sobre el vacío, el del vanidoso que solo oía aplausos y hasta uno habitado por un farolero agotado. Pero este jardín era mucho más inquietante.
Frente a él, tres naipes sudorosos teñían de rojo un rosal blanco…. Extrañado, se ajustó la bufanda dorada que flotaba sin brisa y se acercó a la flor más alta, cuyos pétalos goteaban un rojo espeso.
—¿Por qué permites que te oculten? — preguntó —. Tengo una amiga a la que cuatro espinas le bastan para protegerse.
La rosa rió con un sonido de cristal roto.
— Aquí no somos responsables de nuestra esencia. Si no somos rojas, nos cortan el tallo. La honestidad es un lujo de las flores que no pertenecen a nadie.
Él miró sus manos, acostumbradas a arrancar baobabs, manchadas por un pigmento artificial. Aquel lugar era una prisión donde el corazón estorbaba al juego de otros.
Sintió un último tirón en el pecho. El regalo de la serpiente disolvió los hilos que lo ataban a la Tierra. Mientras el jardín se desvanecía, sonrió. Escapaba al fin de las apariencias, regresando a lo esencial: invisible a los ojos.
y otros temas?




Un principe intertextualizado al dia, aleja al medico
ResponderEliminarEn mi caso fue la medicina de esta mañana y me sacaste varias sonrisas
Mi personaje favorito y su autor son insuperables
El Principito de las Maravillas. Una linda yuxtaposición de dos clásicos que nos ilustra que la verdad no puede florecer sin la libertad. Saludo y gracias.
ResponderEliminarHola me ha encantado como tomas el universo poético de Saint-Exupéry y lo sumerges en una crítica sobre la pérdida de la identidad, la opresión social y la falsedad obligatoria. La única salvación posible ya no está en el amor por una flor, sino en desmaterializarse, en volverse "invisible" para escapar de un juego (el de los naipes, el de la sociedad) donde el corazón solo estorba. Una metáfora poderosa sobre la autenticidad en un mundo que premia la uniformidad y el engaño. Abrazos desde Venezuela
ResponderEliminarSimplemente precioso, poético e imaginativo. Me encantó ese principito reinterpretado tan bien. Enhorabuena.
ResponderEliminarQué bonito, Octavio. Dulce y muy poético. Un cuento precioso con toda la esencia de El Principito.
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