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sábado, 13 de diciembre de 2025

El Reloj de los Peores Momentos

El hombre permaneció inmóvil, la mirada fija en el pequeño reloj de bolsillo que reposaba sobre la mesa. Lo había hallado pocos días antes en una tienda oscura, oculto entre objetos singulares y muñecos privados de ojos.

El vendedor, un anciano de piel cetrina y rostro surcado, lo observó con sonrisa torva y voz ronca: - Este reloj sólo conduce a los peores momentos… y asegura que desea acompañarte -.

El hombre volvió el rostro, devolviendo una sonrisa tensa. Registró su bolsillo y pagó con las monedas que llevaba. El anciano tomó el dinero, envolvió el reloj y lo despidió con un murmullo que se prolongaba: - Qué afortunado eres… él te ha elegido -.

Aquella noche, en la quietud de su apartamento, el hombre extrajo el reloj. Era un sencillo mecanismo de cuerda, sin nada que lo distinguiera. Sin embargo, acosado por una depresión que lo hostigaba desde semanas atrás, pensó cuán venturoso sería poder recuperar a aquella mujer de ojos oscuros cuya ausencia se había vuelto herida abierta.

Alzó el reloj y susurró a la fría maquinaria: 

- ¿Me llevarás a mis peores momentos? Pues condúceme al más terrible: al día preciso en que le dije que nuestra relación no existía. Prefiero vivir de migajas que perder el eco de su mirada en mis ojos -. 

Con el pensamiento clavado en el pasado, giró la manecilla una sola vez.

El reloj vibró como un corazón mecánico. El hombre parpadeó y el aroma del café recién molido lo envolvió. Se hallaba en la cafetería que tan bien recordaba. ¡Era Aquel día! Se vio con idéntica ropa y el ramo de tulipanes rojos que tanto le costara. Al fondo, ella estaba allí… hermosa. Un impulso lo arrojó hacia adelante, dispuesto a revivir la escena.

Ella lo miró con sorpresa. Aceptó las flores, sonrió apenas y le solicitó un favor: 

- Gracias… ¿podrías ayudarme con estas bolsas? No quiero llegar sola cargada -.

Él consintió con euforia. Tal como lo guardaba la memoria, tomó las bolsas y salió con ella, saboreando la dicha de serle útil. Qué bueno saber que confiaba en él, que lo había mirado. Mas al doblar la esquina, el rugido de una motocicleta le recordó el epílogo de aquella tarde. Esteban aguardaba con el motor encendido. Ella le arrebató las bolsas y, con gesto fluido y natural, se acomodó detrás. Sólo le dedicó un ademán vago: - Gracias, hablamos luego - .

El hombre quedó inmóvil. El reloj vibró en su bolsillo, confirmando su magia. No era la escena buscada, pero funcionaba.

Concentró su mente en el día de la ruptura y volvió a girar la manecilla.

El aire se tornó pesado de familiaridad hiriente. Reconoció el lugar: era la tarde en que ella le había pedido acompañarla a un trámite importante. Él había pasado horas disponiendo todo, consiguiendo transporte, preparando provisiones. Caminaba convencido de que su esfuerzo sería reconocido.

Alzó la vista. Allí estaba ella, acomodando su hermoso trasero en la moto de Esteban. No lo vio. Ni siquiera pensó en avisarle que no iría.

El reloj vibró.

Con el alma deshecha, insistió nuevamente.

Al abrir los ojos la vio frente a él, escuchándolo con aparente atención mientras él hablaba con pasión. Sus palabras fluían, pero se sentía sombra repitiendo una escena grabada a fuego. Sabía lo que vendría. Ella miró hacia la puerta y, sin una palabra, lo dejó a mitad de la frase. Salió de la habitación. Recordó que, luego, la había visto en el patio, radiante de risa, oyendo las anécdotas de Esteban sin recordar que él la esperaba.

Giró de nuevo, varias veces, obstinado en alcanzar la ruptura.

Lo llevó a la tarde en que ella aceptó su poema y lo catalogó apenas de "bonito"; al instante en la plaza donde le ofreció un helado que tomó sin detenerse; al día en que ella recibió un dulce exquisito que guardó sin compartir (al menos con él). Lo arrastró a los momentos en que le confió su historia más íntima, mostrando su vulnerabilidad, y ella simplemente cambió el tema.

Una y otra vez, el reloj le mostró lo mismo: ella acogía lo que él ofrecía, mas nunca ofrecía nada a cambio; su esfuerzo resultaba invisible, sus palabras se perdían en el aire.

Exhausto, el hombre se encontró nuevamente ante el reloj sobre la mesa. El metal frío parecía también observarlo. Había girado la cuerda buscando el día de la ruptura, convencido de que allí residía su peor momento. Pero el reloj nunca lo había llevado hasta allá.

En su lugar, lo había enfrentado a instantes infinitamente más crueles. Comprendió que el verdadero dolor no estaba en la pérdida final, sino en la dignidad perdida que la precedió. El reloj le había revelado que su peor error fue insistir en entregarse a quien, de manera constante, nunca lo aceptó.

Con un suspiro largo y profundo, acarició la superficie metálica. Entendió que el tiempo no podía devolver lo perdido, pues para devolverlo primero hubiera tenido que haberlo poseído. En esa certeza halló un resquicio de libertad: la libertad de dejar de girar la cuerda, de dejar de buscar aquello que nunca existió.

El reloj quedó inmóvil sobre la mesa, y él, por primera vez, avanzó.








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18 comentarios:

  1. Un relato breve, profundo y con una crueldad poética que te atraviesa el pecho como una aguja fina y fría. Es una fábula moderna sobre el desamor y la autoengaño, contada con una elegancia minimalista que duele más que cualquier grito. El reloj mágico, vendido con esa frase siniestra del anciano (“conduce a los peores momentos”), no es un objeto de viaje temporal al uso: es un espejo implacable que obliga al protagonista a revivir no la ruptura final (que él cree el gran trauma), sino todos los pequeños instantes previos en los que ya estaba siendo ignorado, utilizado y descartado. Cada giro de la manecilla es una puñalada de realidad: las flores aceptadas pero olvidadas, las bolsas cargadas para que ella se vaya con otro, el poema tildado de “bonito”, el dulce no compartido…Lo más brutal es la revelación final: el peor momento no es cuando ella se va, sino toda la cadena de humillaciones consentidas que la hicieron posible. El reloj no miente nunca; simplemente entiende mejor que el propio protagonista dónde reside el verdadero dolor: en la dignidad entregada a quien nunca la valoró. El cierre es magistral: esa caricia al reloj, la comprensión de que nunca “poseyó” lo que tanto añora, y el primer paso hacia adelante sin girar más la cuerda. Es sanador y liberador, pero con un regusto amargo que se queda contigo.
    Saludos!

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  2. Cuánta tristeza desprende este relato, Octavio. Desencantado y dolorido. Me ha gustado mucho el modo en que vas desvelando poco a poco la historia del protagonista a través de esos momentos que el reloj le muestra y el modo en que comprende el significado de todo ello al verlos en conjunto. La magia del reloj no es tan oscura finalmente como parecía y el final apunta un chispazo de esperanza. Muy buen relato.

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  3. Hola Octavio, un cuento triste, narrado de forma impecable. Muy original que el reloj le llevara a "sus peores momentos". Saludos.

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  4. Hola, Octavio, qué triste, pero él podría haber hecho algo por cambiar esos momentos a los que le llevaba el reloj, los conocía, por tanto podía cambiarlos. No lo hizo, quizá mejor así, porque, como dices al final, así avanzará.
    Un abrazo. 🤗

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  5. Hola, Octavio.
    Me ha encantado tu relato, tan triste como bien escrito, en el que poco a poco vas afianzando una certeza, la que confiesas al final: lo peor no fue el final con la ruptura, sino el no haber sabido antes mantener un mínimo de dignidad para no haber tenido que llegar a ese punto que creía tan crucial y que, en realidad, no lo era tanto.
    Me ha encantado la frase final "El reloj quedó inmóvil sobre la mesa, y él, por primera vez, avanzó", casi lapidaria.
    ¡Enhorabuena, te felicito!
    Te deseo suerte en El Tintero.
    Un cordial saludo.

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  6. ¡Hola Octavio!, de nuevo nos vemos en otro reto más.
    Una triste historia aunque con un final aleccionador.
    Supongo que el hombre quiso cambiar la escena final y que las cosas transcurrieran de otro modo pero...el amor tiene esas cosas, nos hace perder en ocasiones hasta cierta dignidad. Una dura lección que ganó en madurez finalmente. Espero que encuentra otra mujer que lo merezca y sin magia por medio.
    Un saludo, compañero.

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  7. El hombre es el único snimal que tropieza dos veces con la misma piedra". Obviamente el refrán se queda corto.
    Este, después de la lección del reloj, si lo volviera a llamar para llevarle las bolsas, volvería a ir.
    Hay otro refrán, bueno no sé si es refrán que dice que "la gente cambia", pero no todos los refranes tienen razon.
    Abrazooo y suerte

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  8. Hola Octavio,
    nos traes un relato muy triste de una relación basada en pequeños momentos de desamor que conforman un autoengaño tras otro. El reloj, definitivamente conduce al protagonista a sus peores momentos, no a los que él cree que lo fueron, ayudándole a entender lo que sus ojos no querían ver y ayudándole en el cierre de la relación que nunca lo fue.
    ¡Buen relato! Un abrazo.

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  9. Ayayayayay... un hombre que para describir a su mujer añorada/amada piensa algo como: "acomodando su hermoso trasero".
    Solo un hombre puede escribir eso 😅

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  10. Muchas gracias, Octavio, por participar en la 49ª edición de El Tintero de oro en homenaje a Pratchett. Un abrazo y suerte!

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  11. !El reloj quedó inmóvil sobre la mesa, y él por primera vez avanzó!. Brillante y perfecto. No se trata sólo de tratar de retrotaernos a nuestro peor momento, ino lo que somos capaces de descubrir, o no, en el intento. Una historia maravillosa, bien pensada, bien llevada, bien contada. Un abrazo y Felicidades-

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  12. Hola Octavio, me parece un relato muy duro pero a la vez de aprendizaje para el protagonista. También nos muestra que del dolor y de enfrentarnos a lo que nos duele se puede aprender y avanzar. Enhorabuena, un abrazo.

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  13. Hola, Octavio. En ocasiones nos esforzamos en controlar una situación, modelarla a nuestro antojo, sufriendo cuando vemos cómo se escapaba como la arena entre los dedos. El reloj le enfrentó a la verdad de su tristeza y gracias a ello pudo seguir adelante.
    Un relato muy bien llevado. Felicidades.

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  14. Hola Octavio. Es obvio que ella no lo merecía a él, pero cuando uno está enamorado esos detalles se pasan por alto. Nadie está obligado a amar a otro, pero sí a tratarlo con respeto. Creo que el peor parado en esta historia es Esteban, menuda le ha caído encima. El reloj mágico hizo su trabajo y consiguió que el hombre viera claro lo que había sido esa relación, en algún lugar otra persona lo estará esperando para comenzar de nuevo. Un abrazo.

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  15. Hola Octavio nos ofreces un crudo relato donde tú protagonista quiere a alguien que no la quiere y la situación es imposible de mantener .
    Ese reloj es el causante de que su futuro no sea el que ella desea.
    Muy bien contado
    Un abrazo
    Puri

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  16. Hola Octavio,
    Una historia conmovedora que llega porque es muy real, no tanto por el reloj mágico sino por los sentimientos que refleja. A veces nos obsesionamos en tener algo o alguien que no es posible, sin ver las señales que nos va dejando el tiempo y los instante vividos. Me ha encantado! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!

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  17. Hola, Octavio. Qué profundamente sabio ese reloj! Me gustaron mucho la historia, el tono y ese final que te devuelve la libertad y te muestra el camino a recuperar la dignidad. Excelente!
    Un abrazo

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  18. El reloj funciona como un espejo emocional, como un objeto mágico de introspección. Ayuda al protagonista a revelar la verdad que ya estaba ahí; pero él no quería ver.
    Excelente.
    Mucha suerte en el Tintero.
    Un abrazo.

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