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jueves, 20 de noviembre de 2025

Lucas (Microrrelato)

El hombre, ahora anciano, volvió a la casa familiar tras tres décadas. Ya de noche, salió solo al corral. Se dejó caer en el banco de piedra donde su padre, y antes el padre de su padre, desgranaron habas. Desde allí, con los párpados cerrados, escuchó crujir el viejo tejado mientras aspiraba con honda nostalgia el aire oloroso a tierra recién llovida y a pino quemado. 

Alzó la mano temblorosa, el Parkinson no perdona, y señaló Alnilam, la estrella del centro del cinturón de Orión.

Mira, Lucas… tu estrella –. susurró, como si el niño aún estuviera encaramado al tejado.

Lucas siempre había sido un loco de las constelaciones. A los cinco años ya las nombraba todas y decía que cuando fuera mayor se iría a vivir entre ellas. Se colgaba de aquel tejado diariamente a ver sus estrellas mientras comía naranjas.

El recuerdo llegó entero: risas, naranjas robadas, rodillas raspadas, la vocecita gritando: "te doy una mañana, papá. Estoy ocupado". Él abajo, fumando, sonriendo.

Una lágrima rodó lenta por la barba gris.

Sacó el teléfono y escribió al número de Lucas:

 – Estoy aquí, guárdame naranjas para mañana

Pulsó enviar, guardó el móvil sin esperar respuesta y alzó la vista. Alnilam parpadeó.

Desde la puerta iluminada, una suave voz femenina lo llamó:

– Papá… ya traen el ataúd.

Se levantó despacio.

Dio un paso hacia la casa. Desde Alnilam, los ojos traviesos de Lucas lo miraban fijamente con amor, como cuando tenía cinco años y nada malo podía pasar.

Entró.







Aporte para el reto
del Mes de Noviembre de 2025 en
(Un micro inspirado en una constelación)






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12 comentarios:

  1. Triste relato, amigo Octavio, pero entrañable al máximo.
    Su ritmo y sutileza me han encantado tanto como su elegante historia, bordada con Fantasía de la buena, de la que nos saca lágrimas de emoción.
    ¡Enhorabuena! Y, gracias por compartir este micro.
    Patxi.

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  2. Precioso relato, aunque qué triste. También el mío lo es, pero creo que no tanto. A veces es bueno renunciar al humor y dar un toque más realista.
    Un abrazo.

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  3. Ver morir a un hijo es lo peor. Bueno, no. Es peor verlo morir desde el Parkinson. La edad o la enfermedad los reunirán en breve.
    Abrazooo

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  4. ¡Ay Octavio! ¡!cómo has apretado la trsteza y la tragedia! Un nudo en la garganta.
    Un abrazo

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  5. Hola Octavio cuantos dicho en 250 palabras. Los recuerdos, la perdida, y la esperanza. Muy bien escrito. Abrazos.

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  6. Un relato desgarrador y poético que, con una economía de palabras magistral, teje el pasado y el presente en un tapiz de dolorosa nostalgia, donde el amor por un hijo perdido se eterniza en el susurro a una estrella, haciendo que la frontera entre el recuerdo y la esperanza de un reencuentro se desvanezca tan sutil y profundamente como la luz de Alnilam en la noche. Abrazos desde Venezuela

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  7. Qué relato más triste, Octavio, y qué bien contado. Una historia que encoge el alma. Precioso.

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  8. Pausado y reflexivo. La existencia de los hombres es efímera, pero la memoria se perpetúa. Buen relato.

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  9. Hola, Octavio, qué bonito, qué bien contado y qué triste, pero esto puede pasar, así es la vida. Te felicito por él.
    Un abrazo. 🤗

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  10. Buenísimo e impresionante relato.
    Muchas felicidades.
    Un abrazo.

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  11. Hola Octavio, un cuento que transmite muchos sentimientos. Precioso que el hombre vea a Lucas en la estrella Alnillam, en Orión. No podemos evitar perder a quienes amamos, pero mientras podamos recordarlos ellos estarán con nosotros. Saludos.

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  12. Hola. Un relato bonito y cargado de tristeza. Precioso y simbólico el parpadeo de la estrella justo en ese momento y todo el significado que encierra.
    Gracias por participar en el microrreto.
    Un abrazo.

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