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domingo, 18 de abril de 2021

Relato: Las Caras de la calle La Rosa

La mujer hizo lo posible por ocultarse tras las cortinas mientras veía por la ventana. Su cara de hastío reveló la poca gracia que le hacía lo que estaba viendo afuera.

Refunfuñando se retiró de la ventana y, de rodillas, reanudó su trabajo con ahínco y dedicación fregando con una gruesa esponja mojada en agua jabonosa las antiguas losas de piedra que cubrían el suelo de la pequeña cocina.

Con dificultad y cierto gesto de dolor en el rostro,  se levantó una vez más y paseó su vista por el piso aun húmedo. Aparentemente su empeño daba buen resultado ya que se veía muy limpio y sin manchas. Sin embargo, esto no eliminó la expectativa que reflejaba su rostro. Siguió mirando fijamente, como esperando algo que de alguna manera sabia vendría.

Inmóvil, no apartó la vista de una suave sombra que había localizado cerca de la mesada. En segundos, esta sombra parecía hacerse más definida, mas contrastante con el fondo pálido del piso. 

Poco a poco, a medida que el piso se secaba, y como si se tratara de las trazas de sal que el agua de mar deja al retirarse, formas y líneas fueron revelándose hasta mostrar una imagen perfectamente definida y reconocible. En el piso de la cocina, había aparecido la imagen de una mujer con la cabeza cubierta y profundos ojos que parecía sonreír a la otra mujer de carne y hueso que la miraba.

¡Ahí estás! – Farfulló en voz baja con una marcada expresión de alivio en su rostro.  

Cuando comenzaron a aparecer las caras, ocho meses antes, podían ser lavadas de la piedra y tardaban algunos días en aparecer nuevamente. Ahora, ni siquiera esperaban a que se secara el agua de la esponja para materializarse. Cada vez más definidas, más expresivas.

No importa cuánto empeño ni qué técnica usara para eliminar las imágenes. Invariablemente regresaban, primero esta mujer que parecía de esas mujeres de las de “antes”, luego un niño con el torso desnudo y después, aleatoriamente y rodeando las dos anteriores,  las otras cerca de 30 imágenes de personas diferentes.

Al correrse la voz, la gente comenzó a acudir y el “Milagro de la calle La Rosa” comenzó a hacerse famoso primero en el pequeño pueblo, luego en toda la provincia y, al final, en todo el país y sus vecinos. Por cinco pavos, las filas de personas podían satisfacer su curiosidad y echar una mirada a las “Caras de La Rosa”.

Todo parecía ir bien hasta que la gente comenzó a reconocer en las imágenes a sus seres queridos fallecidos. Esto provocó una estampida de personas que querían ver el fenómeno. La afluencia de gente se hizo incontrolable y la calle de La Rosa se convirtió en poco menos que un circo donde la gente acampaba, predicaba o hasta hacia sesiones espiritistas en honor a lo que llamaron la “Virgen de la Rosa” y sus seguidores.

Hasta un periodista hizo un famoso artículo que tituló “La fotografía del cielo, una instantánea real de la Virgen María y Sus Apóstoles” que dio la vuelta al mundo y que, como si hiciera falta, agravó aún más la situación. Es que el artículo iba acompañado de una fotografía real de las imágenes en la que gente de otras latitudes pudo reconocer también a sus deudos.

El artículo provocó que se desatara la locura colectiva. Las decenas de personas que  visitaban la casa diariamente se convirtieron en centenares en pocos días. Visitantes de todo el mundo convirtieron la calle en un boulevard en el que la gente acampaba durante días. Locos de todo tipo trataba de llevarse “reliquias” destruyendo el jardín, la reja protectora y hasta trataron de llevarse los ladrillos de la pared delante de las mismas narices de su dueña.
 
Hastiada, la mujer cerró su casa y se atrincheró en ella, para evitar el contacto con la gente de afuera, dedicándose a lavar los pisos de cualquier forma que se le ocurriera. La labor, sin embargo, no solo resultaba inútil sino que la situación parecía agravarse cada vez más. A medida que llegaba más gente afuera, parecía ocurrir lo mismo en las imágenes del piso. De las poco menos de 30 originales habían ahora cerca de 100 imágenes rodeando la imagen de la mujer y el niño.

¡Merde! – la maldición de la mujer se disparó por un descubrimiento recién realizado. En la parte más cercana a la puerta que daba al patio trasero de la casa, una nueva figura estaba comenzando a aparecer. La imagen no tardó más que unos segundos en definirse totalmente. Un hombre grande, con una poblada y descuidada barba parecía mirarla desde el piso. No parecía haber marcas o nada que lo indicase, pero esa expresión diabólica que podía adivinarse en las líneas de esa silueta aseguraba que esta imagen era totalmente distinta a las demás.

Este nuevo personaje había comenzado a aparecer unas tres semanas atrás. Siempre venía en solitario, alejado del resto del grupo. A veces parecía estar mirando al grupo anterior, y en esos instantes esa expresión de furia demoníaca parecía hacerse más marcada, más terrorífica.

A los pocos días, la  nueva imagen ya no estaba sola. Otras figuras, algunas ya conocidas que se apartaron de la imagen de “La Virgen” y otras que nunca había visto antes, comenzaron a rodearla. A falta de un nombre más adecuado, y resistente a confirmar sus miedos, decidió llamar la nueva figura simplemente “Paco”, en remembranza a un tío suyo de quien su mamá se expresaba como “El mismo diablo”. Fue a partir de esta aparición que la mujer se dedicó con más ahínco a lavar los pisos. Al contrario que las de “la virgen” esta nueva figura y las que le rodeaban le causaban un intranquilidad inexplicable.

Una vez mas, la mujer apartó por un momento la vista del piso y echó una mirada por la ventana a pesar del evidente desagrado que le causaba lo que veía afuera. En su cara se notaba la misma aprensión que mostraba al esperar la materialización de la imagen de “Paco”. Esperaba algo allá afuera que aún no lograba ver.

De repente, entre la multitud, lo vió. Alto, más alto que todos los que estaban allá afuera por al menos una cabeza. Barba que seguramente no había recortado nunca, sucia y enredada en una especie de cola de caballo al final amarrada con alguna cinta o algo que no se apreciaba por la distancia.. y esos ojos, con ese brillo diabólico que revelaba maldad pura, desprecio y odio por todos los que le rodeaban.. especialmente por la mujer que le miraba desde la ventana…

Definitivamente, era el hombre cuya imagen reposaba en su piso y que en ese momento también la miraba en una especie de diabólica gavilla de gemelos en su contra. Desde la ventana, la mujer pudo ver el grupo de personas que rodeaban al “Paco” de carne y hueso. Pudo identificar al menos tres de las figuras de su piso y que habían abandonado la imagen de “La Virgen” para agruparse con la “otra”.

Más que con miedo, con resignación, volvió a correr la cortinas de la casa y se puso de rodillas en el piso para comenzar nuevamente la labor. Una sonrisa afloró en su rostro apuntalando la actitud de aquel que sabe lo que viene.

La gente que estaba allá fuera no sabía nada. En realidad, aquel periodista casi que da con la verdad. Tuvo en principio algo de razón, las imágenes si eran una especie de fotografía pero no del cielo como promocionó. 

Las imágenes eran una instantánea de las cosas en la tierra, de la guerra que estaba a punto de librarse y de los bandos que entrarían en batalla. Batalla que iniciaría allí, en su pueblo y cuyas huestes ya se habían reunido esperando la orden final.

Frotando vigorosamente las losas del piso su sonrisa se hizo más profunda al fijarse en una imagen en especial. Se preguntó cómo era posible que nadie se hubiera dado cuenta que una de las primeras en rodear a la bendecida madre fue ella misma, la guardiana del portal, la sucesora de aquellos arcángeles primigenios de los días antiguos… 

Con la dedicación de quien tiene conciencia de la responsabilidad asumida, frotó vigorosamente la piedra. Sabía que ya pronto tendría que cambiar la esponja por la espada... y enfrentar al abismo.


Nota: En 1971, en Bélmez de la Moraleda (España), un fenómeno catalogado como paranormal salió a la luz pública causando gran revuelo mediático. Imágenes que se identificaron como caras y cuerpos de personas aparecieron misteriosamente en el piso de una casa de la vecindad sin explicación alguna. La historia real de Las CARAS DE BÉLMEZ inspiró el relato de ficción publicado en esta entrada.



Puedes escuchar el relato Aquí (11:06 min)

 
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viernes, 9 de abril de 2021

Relato: Fantasmas de una vida sin miedos

Acostada en la semioscuridad de su habitación, iluminada solo por una pequeña lámpara de pared, la mujer esbozó una sonrisa auspiciada aparentemente por algún pensamiento que pasó por su mente. Es que, ahora que lo pensaba, más que curiosas le parecían divertidas todas esas historias sobre la extraña locura que parecía ser la maldición de las mujeres de su familia.

Una locura “simple”, diría su padre o “sin consecuencias” como diría el tío Arturo. La cosa es que esa manía de hablar sola durante horas, que puso de moda la bisabuela Jacinta, se repitió sin falta en cada generación siempre con alguna de sus descendientes dedicada a tan curiosa afición. 

Esta afición extraña de hablar con “nadie”, y que el abuelo Antonio achaca a una “estupidez genética de las hembras”, a entender de la chica pensadora parecía más un escape a otra situación más difícil de manejar que una rara extravagancia.

Es que, además de hablar solas, esas mujeres también cargaron con la cruz de un matrimonio que más parecía una penitencia que cualquier otra cosa. De hecho, según el abuelo Manuel, las primeras historias de la bisabuela y su interlocutor imaginario comenzaron luego de una soberana golpiza que su marido le propinó en una noche de borrachera.

Aunque nadie hablaba mucho de eso, el abuelo Manuel heredó todas las malas mañas de su Padre y ninguna de las buenas de su madre. Sin embargo, de alguna manera, el abuelo encontró una mujer con el mismo carácter sumiso de la bisabuela con la que formar una familia propia, a su gusto y medida.

Pobre abuela – Dijo la mujer en voz alta, recordando la cruz de su propia abuela viviendo con el terrible hombre que era su abuelo.

Su madre hablaba poco de la vida con el abuelo, pero el inmediato cambio de humor cuando se le recordaba revelaba lo difícil que había sido su vida y la de la tía Carmen, su hermana mayor, bajo el represivo régimen impuesto en su hogar por el viejo Manuel.

Aun recordaba la cara de la tía Carmen, con esa gran cicatriz en la sien derecha causada por una “fuerte reprimenda” de esas que el viejo solía aplicar a sus hijas. Su madre, una de esas pocas veces que habló de su niñez, contaba como poco después del castigo su hermana comenzó a pasar noches enteras jugando con su “amiguita” Penélope que, por supuesto, solo ella y su incipiente locura veían.

Aquejada por una difícil enfermedad, la tía Carmen había partido varios años atrás. En sus últimos días, ya no hablaba más que con su amiga Penélope la que, al parecer, jamás la había abandonado convirtiéndose en su única compañía. 

Tú, madre, tuviste suerte… encontraste a mi padre – las palabras surgieron de lo más profundo de su ser y un pequeño quiebre en la voz reveló la emoción que sentía -

Con su padre, su madre pareció romper la tradición de tres generaciones con hogares infelices. Cumplido, amoroso y dedicado a su familia. La vida con su padre fue el sueño de toda niña y la ilusión de toda mujer. Solo que la maldición familiar, poco dada a hacer excepciones, actuó bastante pronto… y el padre murió. Murió, y ahí comenzó todo.

Es que la noche luego de su entierro, él regresó. Sin luces, sin cambios en el ambiente, sin avisos de ningún tipo. Simplemente, una noche, él estaba allí parado al lado de su cama… sonriéndole.

Y, como la amiguita de la tía Carmen, su padre nunca se fue. Permaneció con ella tendiendo su mano en momentos difíciles, aconsejándola, confortándola o celebrando con ella según fuera necesario.

Su padre vino, y con él el entendimiento. Las mujeres de su familia con la manía de hablar solas, simplemente no habían enloquecido. Solo tenían la facultad de hablar con seres que habían pasado a otro plano y que habían formado parte importante de su vida. Era un don, no una carga.

¿Con quién hablas nena?... Con nadie mami, estoy cantando – Las palabras surgieron de la boca de la mujer pero venían de un pasado en el que había aprendido a ocultar a los demás las visitas de su padre. Nadie debía saberlo, era su secreto y no debía compartirlo so pena de locura.

Nunca dejó de venir, cada noche o a cada momento en que su soledad lo reclamaba… él venia, y la seguridad de su regazo eran símbolo de un mundo de paz y sosiego que, como en el principio, solo él le aseguraba.  

Han pasado ya cincuenta años desde la primera vez que vino y aún sigue allí a su lado, sonriéndole. Acompañando su soledad, suavizando su vida. Esa vida que ahora siente se le escapa y que ya no tiene fuerzas para retener. 

Vencida por un cáncer terminal que cobraba su premio, la mujer levantó su cara hasta su padre y le sonrió agradecida. Sabía que siempre estarían juntos, que su padre estaba allí para acompañarla a donde se va después y que durante toda su vida no había hecho más que esperarla.

¿Con quién hablas nena?... Con nadie mami, estoy cantando – repitió como una especie de mantra. Luego se levantó de su cama, dejando allí el cascaron maltrecho en el que había viajado toda su vida, y partió al infinito… de la mano de su padre.



Puedes escuchar el relato Aquí (6:58 min)

 
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miércoles, 10 de marzo de 2021

Microrrelato: La Podredumbre Negra

imagen de las siluetas de un grupo de personas rodeando la cama en la que yace un hombre enfermo
La sombría cara del Doctor confirmó lo que la mayoría de los presentes en la sala esperaba… Manuel había perdido la batalla y ya jamás se levantaría.

Confirmar esta certeza ya aceptada no evitó que la incredulidad me apretujara el corazón. Mi intelecto racional tardaba en asimilar el hecho de que una complexión como la exhibida por el heredero del imperio Martínez fuera vencida por la podredumbre negra en una herida fortuita.

En pleno siglo XXI, la ciencia que nos ha garantizado una impensable esperanza de vida cercana a los 50 años es incapaz de sanar las fiebres ocasionadas por una herida tan miserable. Esta incapacidad, esta ineptitud humana para mantener sana la más estúpida de las heridas, es causa de que cirujanos tan famosos como el mismo Doctor Miller allí presente no pasen de ser míseros carniceros, verdugos que ejecutan sentencias en mesas de operaciones.  

Dudo que alguien pueda explicar el hecho de que las cataplasmas de ajo, jengibre y miel  que usa el Dr Miller, reconocida eminencia de la medicina actual, sean la misma receta “anti biótica” que aparece en el viejo libro de medicina familiar de la abuela Grecia.

Constructores de monstruosos edificios, diseñadores de poderosas maquinas, inventores de armas capaces de arrasar poblados enteros en un soplido y, sin embargo, débiles como bebés ante la herida de un pedazo de hierro con algo de óxido.  

En silencio, abandoné aquella casa reflexionando en lo peligroso de este mundo con tan pocos recursos médicos.

Nota: (Punto Jonbar) Con el descubrimiento de la penicilina en 1928, Alexander Fleming marcó un punto de inflexión en la historia humana. La era de los antibióticos trajo consigo un salto cuantico en la medicina que plantó las bases de la sociedad tecnológica tal y como la conocemos ahora. Pero ¿“Y si” no se hubieran descubierto los antibióticos?


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(Traducción mediante IA)

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lunes, 8 de febrero de 2021

Los Suicidios de Pueblo Lavanda I. Leyendas de la nueva era.

Cincuenta años después de la aparición de los primeros juegos de video y del inicio de la permanente lucha por la atención de los niños, son muchas las historias que circulan de boca en boca y que involucran diversos aspectos y actores que forman parte de este nuevo mundo tecnológico.

Todos recordamos de alguna manera a aquellos pequeños animalejos que se esconden en unas bolas para hacerlos portátiles hasta que se les llame para luchar entre si. Estos “Monstruos de bolsillo”, “Pocket Monsters” o “Pokemones” como todos los conocemos,  son muy famosos ahora por una serie de dibujos animados para la televisión y una que otra aventura en la pantalla grande muy popular entre niños y jóvenes.
 
Aunque la mayor parte de nosotros los recuerda por sus aventuras en la televisión, los aguerridos “Pokemones” saltaron a la fama por un juego de video bastante simple que salió a la venta en Japón a finales del siglo pasado. Diseñado especialmente para un tipo portátil de consola, los niños japoneses aceptaron y se aficionaron rápidamente a las aventuras de los mostritos no existiendo prácticamente ningún niño que no disfrutara del juego en alguna oportunidad.

El problema es que, según la leyenda popular, el sencillo juego no era tan inocente como aparentaba y, mientras los niños jugaban con él.. algo parecía pasar con sus frágiles mentes en desarrollo provocándoles graves y peligrosos cambios en su conducta.

Según se cuenta, los niños comenzaron a presentar extraños síntomas entre los que se encontraban dolores de cabeza, irritabilidad y hemorragias nasales. Dicen los que multiplican esta historia, que algunos de los niños afectados llegaron hasta provocarse graves heridas auto-infringidas. Los casos de niños afectados fueron multiplicándose y haciéndose cada vez más graves hasta que, tristemente, muchos niños llegaron a tomar la triste determinación de acabar con sus vidas movidos por una profunda depresión. Al menos, esto es lo que se cuenta.

De todas las historias que circulan en internet, existen pocas referencias precisas de cómo los niños decidieron acabar con sus vidas pero algunos hablan de ahorcamientos y otros de cosas terribles con cuchillos y maquinarias. Tampoco hay un acuerdo general sobre la cantidad de niños afectados. Algunos dicen que fueron cerca de doscientos niños, pero parece haber cierta tendencia a repetir la cifra de 104 pequeños fallecidos solo en el año 1996 por esta causa.

Lo que si comparten todas las versiones de la historia es que los niños fallecidos, sin excepción, habían estado jugando con sus consolas portátiles las primeras versiones del popular juego, conocidas como “roja” y “verde”. Según la creencia, los niños habían superado correctamente y sin inconvenientes todos los niveles iniciales del juego. Cuentan que todos los niños afectados se encontraban jugando, al momento de presentar los síntomas, el nivel conocido como “Pueblo Lavanda”. En el juego, este lugar se corresponde con un cementerio encantado muy de estilo japonés, con tumbas y fantasmas pokemones, en el que el protagonista debía realizar algunas actividades propias de la historia que representaba.
 
Según la creencia popular, al llegar a este nivel del juego, los niños afectados comenzaron a sufrir de todos esos extraños síntomas descritos hasta que la depresión sufrida les obligaba a auto-agredirse llevando a muchos a tomar, al final, la triste decisión de acabar con sus vidas.
 
Cuentan, sin mostrar evidencias claras, que las investigaciones realizadas demostraron que existía una estrecha relación entre los síntomas mostrados por los niños y la música con la cual los diseñadores del juego habían ambientado el misterioso nivel de Pueblo Lavanda.

Es tan elaborada la historia que, Inclusive, circula en internet una supuesta entrevista a un ex – empleado de la empresa diseñadora del juego en la que denunciaba su responsabilidad directa en la creación de la diabólica melodía. La supuesta entrevista deja entrever la responsabilidad culposa de los diseñadores y su interés comercial al introducirla en el juego a sabiendas de su efecto dañino en las inmaduras mentes infantiles. Se dice que el tema fue creado y modificado de tal manera que, oculto en las notas principales, colocaron acordes en una frecuencia solo audible por los niños. Estos acordes fueron los responsables de los trágicos efectos ya indicados.

Supuestamente, al descubrirse la relación entre el juego y las muertes de los niños, se propagó una violenta reacción en la opinión pública que obligó a la empresa a establecer correctivos para eliminar los efectos negativos. Según se cuenta, los diseñadores modificaron las escalas en la banda sonora eliminando las notas que causaban los mortales efectos en los niños. Una vez obtenida una versión limpia de La canción, el  fondo musical de pueblo lavanda fue remplazado en todas las nuevas ediciones del juego por lo que, hasta hoy no han llegado copias con la versión original de la música en pueblo lavanda.

En la PRÓXIMA ENTRADA hablaremos un poquito sobre las causas de la popularidad de esta historia y las verdades en las cuales podría tener su origen. Mientras tanto, si te atreves, puedes escuchar en youtube un fragmento de la cuestionada canción haciendo CLIC AQUI.


 
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Los Suicidios de Pueblo Lavanda II. Algo es real

La leyenda de Pueblo Lavanda es una historia creepypaste muy popular que se generó, y alimentó, en internet ya avanzado el siglo XXI. Sin que nos extrañe, no parece tener un fundamento histórico verificable por registros confiables pero parece estar fundamentada en dos aspectos que han contribuido a darle cierto aire de realismo ante la credibilidad popular:

En primer lugar a pocos se les hace extraña una historia de este tipo cuando inicialmente está ambientada en Japón, lugar de origen del juego original y donde la cultura del suicidio tiene un alcance bastante difícil de comprender en el mundo occidental. Es que, según parece por razones culturales, Japón tiene la tasa de suicidios más alta del mundo llegando a ser casi el doble de la media mundial. Estadísticas indican que, en ese país, la principal causa de muerte en jóvenes entre 15 y 39 años es el suicidio. En el año 1996, año en que supuestamente ocurrió el suceso, se reportó la friolera de 22.138 suicidios. Estos datos, reales y de acceso público, representan cerca de 18 suicidios por cada 100.000 habitantes. Y podemos atrevernos a asegurar que es muy poco probable que alguno de ellos fuera provocado por escuchar la música de pueblo Lavanda
.
El otros aspecto que alimentó la leyenda es el que probablemente sirvió de punto de partida a la misma y que, modificado por las transmisión boca a boca, le dio la mala fama al juego de video. Es que efectivamente las primeras emisiones de las aventuras pokemon por televisión tuvieron un desagradable percance que causó revuelo mundial y que aún hoy es comentada y estudiada en círculos técnicos y científicos.
 
Allá en 1996, cuando la serie de TV era un producto regional transmitido solo en Japón, se emitió uno de los primeros capítulos en que se representaba como siempre una lucha entre dos de los pequeños monstruitos de bolsillo.  En esta secuencia animada, los dibujantes echaron mano de una gran cantidad recursos gráficos muy llamativos usando una combinación de colores con brillos y matices bastante agresivos para ambientar la batalla.
 
La escena televisiva duró solo unos segundos pero, al verla, una gran cantidad de niños mostraron una serie de reacciones neurológicas que incluyeron dolores de cabeza, mareos y convulsiones. Se demostró en aquel entonces que las escenas transmitidas fueron el detonante de episodios epilépticos provocados por estímulos visuales. En esta ocasión, la relación entre las imágenes transmitidas y los ataques epilépticos fue demostrada y sustentada científicamente, se estudiaron más de 600 casos, y obligó a la empresa a suspender la transmisión del capítulo involucrado y a su modificación para posteriores transmisiones dentro y fuera de Japón.
 
Es muy probable que la historia, real y documentada, de estos ataques epilépticos haya evolucionado por el imaginario popular hasta convertirse en la leyenda de los suicidios de pueblo lavanda en una un país donde estos forman parte de sus más oscuras estadísticas. Una vez más, una pequeñísima parte de verdad en una gran leyenda.

La leyenda de pueblo lavanda, en el fondo, se diferencia poco de las brujas que robaban niños en la edad media o de “el coco” que aguarda en los armarios. Es la misma historia en diferente época. Todas ellas han nacido de aquellos temores que nos han acompañado por toda nuestra historia y que evolucionan y se adaptan a cada época que vivimos. Cada generación tiene una historia parecida y la transmite de boca en boca hasta que las nuevas generaciones la remplazan por una propia.

Particularmente, por aquí hay especial cariño por la demoniaca historia de unas criaturitas azules que poblaban los bosques ochenteros del siglo pasado y de las que no sé por qué razón les llamaron “pitufos”. Tal vez reservemos un lugar en el futuro para contar esa historia… pero eso, eso será en otro cuento de fogata.


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lunes, 25 de enero de 2021

Los Niños de la Vía del tren en San Antonio

Si andas por el estado de Texas en Estados Unidos, y pasas por la ciudad de San Antonio, puedes someter a prueba tu valentía visitando el cruce de trenes ubicado en la intersección de Villamain y Shane. Cualquiera de los habitantes de la ciudad te dirá que cosas extrañas pasan allí, si te acercas demasiado a las vías del tren.
 
Desde muy pequeños los vecinos de San Antonio conocen la historia del supuesto grave accidente ocurrido hace más de ochenta años, allí en el cruce de Villamain y Shaine, en el que diez niños perdieron la vida cuando el autobús escolar que los transportaba trató de cruzar las vías del tren.
 
Según las historias de la gente, por allá en los años treinta, un autobús escolar tuvo un desperfecto mecánico justo al momento de cruzar las vías quedando varado sobre ellas. Probablemente la niebla y la oscuridad evitaron que el conductor pudiera detectar a tiempo la llegada del tren por lo que los chicos no pudieron evacuar totalmente el autobús antes de que ocurriera el choque. La violencia del impacto arrojó restos del vehículo y cadáveres destrozados a varios cientos de metros del cruce. Según dicen, al menos 10 niños fallecieron en el accidente.

Cuentan los lugareños que el conductor, una monja en algunas versiones de la historia, con una fuerte depresión y con la culpa atormentándole, intentó acabar con su vida parando su auto en las vías del tren, exactamente en el mismo sitio donde años antes había ocurrido el grave accidente. Dentro de su auto, esperando el golpe fatal, el conductor sintió de repente como algo empujaba el vehículo con tanta fuerza que, a pesar de tener el freno puesto, lo movió hacia adelante sacándolo de la vía justo cuando el tren pasaba. De esta manera, el providencial ayudante evitó lo que de seguro habria sido un mortal choque.

Pensando que alguien había adivinado lo que pretendía hacer y decidió evitar su suicidio, el conductor se bajó furioso del auto dispuesto a enfrentar a los entrometidos. Para su sorpresa no había nadie y no logró distinguir un alma en lo que le alcanzaba la vista. En la humedad sobre el maletero, en la parte posterior del auto, logró sin embargo distinguir claramente la marca de múltiples huellas de pequeñas manos que no tardaron en desaparecer. De repente, el mensaje le llegó claro. Por alguna razón, los pequeños aun rondaban el sitio del choque, y no estaban dispuestos a permitir que el accidente se repitiera, por lo que movieron su auto a un sitio seguro.
 
A partir del accidente, los vecinos de San Antonio dicen tener conocimiento de muchos casos en el que vehículos son apartados del peligro por manos misteriosas que mueven los autos a un sitio seguro cuando se aproximan peligrosamente a las vías del tren. Esto aparentemente ocurre en todos los casos, inclusive cuando la gente se coloca a sí misma en peligro para comprobar la leyenda. La leyenda dice que, si se coloca talco para bebes sobre el maletero, las huellas de las manos de los niños se revelan con mayor definición y permanencia.

En algunos casos, la gente dice haber tenido incluso contacto directo con alguno de los niños. En efecto, se cuentan historias de como un niño o niña sube al auto de las personas y les pide que le lleven a algún lugar, siempre lejano a la peligrosa intersección. Invariablemente, al llegar al sitio indicado, el niño ya no se encuentra dentro del auto. Hasta existen supuestas evidencias fotográficas de formas fácilmente identificables como niños, en imágenes casuales tomadas por turistas.

Con el correr de los años, la historia fue contada una y otra vez hasta convertirse en una de las leyendas urbanas más conocidas en los Estados Unidos. Desde los años 80 del siglo pasado, cientos de turistas de todo el país acuden anualmente al famoso cruce, hoy en desuso, tratando de poner a prueba la historia. La mayor parte de ellos, cuentan posteriormente haber vivido algún tipo de experiencia que les convence de que la leyenda es algo real.
 
Algunos de los visitantes cuentan haber comprobado como su vehículo fue empujado fuera de las vías. Otras personas juran haber sentido súbitamente el frio del invierno entrar por las ventanillas. Algunos escuchan las risas de los niños y otros han visto como un grupo de niños los observan desde lejos haciéndoles señas para que se pongan a salvo. Lo cierto es que, todos los que han pasado por el cruce de Villamain y Shane se han convencido de que algo paranormal ocurre allí, tratando de evitar que ocurra un accidente como el que la leyenda dice ocurrió hace ochenta años.

Los ejecutivos de la Union Pacific, la compañía ferroviaria responsable de la vía, han intentado de todas las formas posibles desmentir la leyenda. La masificación de la historia por todo el país, y el interminable flujo de turistas tratando de corroborarla, ha causado un problema de seguridad difícil de manejar. Por lo tanto han establecido un sin número de acciones para tratar de minimizar la afluencia de gente al área. Estas acciones emprendidas por la empresa incluyen el corregir el desnivel existente en el famoso cruce y que, según sus evaluaciones, es el causante de que los vehículos se muevan solos fuera de las vías. Así mismo han colocado señalizaciones y protecciones que tratan de evitar las posibles interferencias de las personas con los trenes. Todo esto aparentemente sin mucho éxito. La gente sigue tratando de vivir su propia experiencia paranormal con los fantasmas de los niños de San Antonio.

Aunque no existen registros de que un accidente real de esa magnitud haya ocurrido en ese cruce, la historia parece estar basada en un hecho que ocurrió realmente por esas fechas, solo que a más de 2.000 kilómetros de distancia en la ciudad de Salt Lake City en el estado de Utah.

La prensa local del año 1938, reseña lo que aun hoy es considerado el más grave accidente vial que involucra a un autobús escolar y un tren. El 2 de diciembre de ese año, durante la primera gran nevada del invierno, un autobús escolar se movilizaba en medio de la neblina. Con escaza visibilidad y las ventanas cerradas por el temporal, el conductor llevó el vehículo por las vías sin percatarse de que un tren de carga con más de 80 vagones se aproximaba por la vía a más de 80 kilómetros por hora.
 
El impacto fue alucinante. Al menos 30 personas, entre ocupantes del autobús y operadores del tren, murieron al instante. Se reportaron 15 sobrevivientes que llevaron toda su vida la carga de graves daños físicos y emocionales
.
A raíz de este grave accidente, se emitieron órdenes y reglamentos que tratan de reducir al mínimo las posibilidades de que vuelva a ocurrir. Es a partir de aquí que se hizo obligatorio el uso de brazos mecánicos cruzados en los cruces de vías. Así mismo, es obligatorio para los choferes de autobús el detenerse en los cruces de ferrocarril y abrir la puerta y ventana del lado del conductor para ver y escuchar los trenes que se aproximan.

¿Cómo fue que un grave accidente ocurrido a tanta distancia pudo fijarse en la memoria colectiva de los vecinos de san Antonio, Texas? Es un misterio imposible de explicar. El hecho es que las evidencias y el testimonio de decenas de personas parece indicar que efectivamente algo ocurre allí en ese cruce. Algo que parece demostrar la existencia de fuerzas desconocidas que no tienen necesariamente que ser malignas sino que están allí para proteger, para ayudar a los que aún permanecen en el plano que han abandonado.

Si te asaltan las dudas y piensas que esta es solo una historia, un cuento que se relata a los turistas para atraerlos a ellos y su dinero, puedes viajar allá a San Antonio, Texas. Colocar tu auto en punto muerto sobre la vía del tren en el cruce de Villamain y Shane y esperar que manos fantasmales te aparten del peligro… Ocurra o no el milagro, tendrás tu propia historia para contar... tendrás tu propio cuento de fogata.



 
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