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sábado, 7 de marzo de 2026

Tentaciones ( Microrrelato)

El diablo habitaba el umbral entre abismo y tierra: un páramo de sombras perpetuas, humo negro ascendiendo como incienso invertido, cenizas danzando en corrientes calientes, ecos lejanos de explosiones amortiguados por una niebla de azufre y metal quemado. Brasas eternas iluminaban sin calentar; el tiempo se doblaba en horas o siglos.

Desde allí, observaba el caos en el mundo con un tedio milenario. Veía ciudades ardiendo sin su soplo, hombres devorándose sin necesidad de sus mentiras. La humanidad se destruía sola; y él, inútil, un tentador desempleado, un artesano sin taller.

Deprimido, se hundió en la sombra más densa. Carcomido por una amarga resignación. Nada era suyo. Nada lo necesitaba.

De repente los vio: en un rincón olvidado, dos personas se abrazaban con entrega serena y absoluta. Un abrazo puro, desarmado, luminoso como luz propia; quietud confiada, sin miedo ni cálculo. Ternura intacta que brillaba como estrella imposible entre ruinas.

Tardó en reconocerlo. Luego parpadeó, atónito. No podía creerlo... era amor. Puro. Radiante. Sin mancha.

Sonrió, con una sonrisa lenta, hambrienta, irreverente. Con una alegría oscura y feroz que despertó un fuego antiguo en su pecho.

Porque aquella luz, limpia, proyectaba en su mundo  la sombra más negra. Porque lo perfecto para salvar es infinitamente tentador para corromper.

- No todo está arruinado-. murmuró entusiasmado. - Queda trabajo… y qué dulce será.

Se enderezó, vivo de nuevo, listo para retomar su milenario oficio.







Aporte para el reto
del Mes de Marzo de 2026 en
(un microrrelato de 250 palabras con el Maligno como protagonista o personaje secundario)





sábado, 3 de enero de 2026

Lo que el espejo no refleja

El frío le envolvió como promesa cumplida. Sintió que su cuerpo comenzaba a ceder mientras cruzaba un umbral difuso. Al abrir los ojos, el desierto se había disuelto; en su lugar emergió un mundo al revés, donde las sombras precedían a los objetos y los juicios se hacían antes que los crímenes.

Había visitado otros lugares extraños: el asteroide del rey que reinaba sobre el vacío, el del vanidoso que solo oía aplausos y hasta uno habitado por un farolero agotado. Pero este jardín era mucho más inquietante.

Frente a él, tres naipes sudorosos teñían de rojo un rosal blanco…. Extrañado, se ajustó la bufanda dorada que flotaba sin brisa y se acercó a la flor más alta, cuyos pétalos goteaban un rojo espeso.

¿Por qué permites que te oculten? — preguntó —. Tengo una amiga a la que cuatro espinas le bastan para protegerse.

La rosa rió con un sonido de cristal roto.

— Aquí no somos responsables de nuestra esencia. Si no somos rojas, nos cortan el tallo. La honestidad es un lujo de las flores que no pertenecen a nadie.

Él miró sus manos, acostumbradas a arrancar baobabs, manchadas por un pigmento artificial. Aquel lugar era una prisión donde el corazón estorbaba al juego de otros.

Sintió un último tirón en el pecho. El regalo de la serpiente disolvió los hilos que lo ataban a la Tierra. Mientras el jardín se desvanecía, sonrió. Escapaba al fin de las apariencias, regresando a lo esencial: invisible a los ojos.







Aporte para el reto
del Mes de Septiembre de 2025 en
(Un micro  inspirado en algún cuento o historia conocida pero alterándola)







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jueves, 20 de noviembre de 2025

Lucas (Microrrelato)

El hombre, ahora anciano, volvió a la casa familiar tras tres décadas. Ya de noche, salió solo al corral. Se dejó caer en el banco de piedra donde su padre, y antes el padre de su padre, desgranaron habas. Desde allí, con los párpados cerrados, escuchó crujir el viejo tejado mientras aspiraba con honda nostalgia el aire oloroso a tierra recién llovida y a pino quemado. 

Alzó la mano temblorosa, el Parkinson no perdona, y señaló Alnilam, la estrella del centro del cinturón de Orión.

Mira, Lucas… tu estrella –. susurró, como si el niño aún estuviera encaramado al tejado.

Lucas siempre había sido un loco de las constelaciones. A los cinco años ya las nombraba todas y decía que cuando fuera mayor se iría a vivir entre ellas. Se colgaba de aquel tejado diariamente a ver sus estrellas mientras comía naranjas.

El recuerdo llegó entero: risas, naranjas robadas, rodillas raspadas, la vocecita gritando: "te doy una mañana, papá. Estoy ocupado". Él abajo, fumando, sonriendo.

Una lágrima rodó lenta por la barba gris.

Sacó el teléfono y escribió al número de Lucas:

 – Estoy aquí, guárdame naranjas para mañana

Pulsó enviar, guardó el móvil sin esperar respuesta y alzó la vista. Alnilam parpadeó.

Desde la puerta iluminada, una suave voz femenina lo llamó:

– Papá… ya traen el ataúd.

Se levantó despacio.

Dio un paso hacia la casa. Desde Alnilam, los ojos traviesos de Lucas lo miraban fijamente con amor, como cuando tenía cinco años y nada malo podía pasar.

Entró.







Aporte para el reto
del Mes de Noviembre de 2025 en
(Un micro inspirado en una constelación)






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miércoles, 3 de septiembre de 2025

El retrato .. (Microrrelato)

No puedo apartar la mirada de la figura frente a mí, hermosa de un modo que me desconcierta. Algo me ata a ese rostro sereno, enmarcado por una cabellera negra, indócil, que como sombra viva cubre sus hombros. Sus ojos oscuros, profundos, vastos, me atrapan con una intensidad que me desarma. No necesita decir nada; su presencia basta para que algo en mí despierte, como si el tiempo, por fin, tuviera sentido.

Un calor extraño me ocupa el pecho. Suave, tibio, como la memoria de algo que jamás viví. No es deseo; es asombro. Es la luz en aquella belleza aún sin nombre.

Ella me mira, inmóvil. Me parece estar atado a aquel instante. Me siento suspendido en un tiempo que no me pertenece, pero percibo su candidez con una claridad que quema. Quisiera hablarle, decirle que en sus ojos hay promesas de mundos intactos, que en su mirada siento algo más que contemplación.

Pero no tengo voz, no tengo cuerpo... ¡Soy apenas mirada!

Ella inclina la cabeza. Un mechón rebelde roza su mejilla mientras lee la placa junto a mí. 

Entonces lo recuerdo: soy apenas un retrato en la pared, forjado por un pincel que quiso apresar un alma y solo alcanzó su sombra. Condenado a acompañar a quienes se detienen frente a mí. 

Pero nunca antes alguien me había mirado así.

Ella sonríe, apenas. Y por un instante, la eternidad se vuelve leve, casi respirable. En esa levedad descubro lo imposible: hoy, desde mi lienzo, comienzo a vivir.






Aporte para el reto
del Mes de Septiembre de 2025 en
(Un micro que narre una historia que tenga como protagonista un cuadro, escultura o similar)









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sábado, 31 de mayo de 2025

Bukowski Entiende

La vida es sencilla: si algo va mal, bebes; si algo va bien, bebes; si todo es un aburrimiento mortal, pues claro, bebes para darle algo de emoción a la existencia. Lo dijo Bukowski, y el hombre sabía de lo que hablaba. Aunque, siendo honestos, creo que también bebía porque la humanidad le daba más dolores de cabeza que la resaca.  

El vaso se alza como un trofeo de supervivencia. "Hoy celebro mi éxito", dices, aunque el éxito solo haya sido encontrar medias que combinan. "Hoy brindo por la gran historia que escribí", exclamas, aunque esa historia nunca encontró lectores, su mensaje se perdió en un mar de distracciones y su grandeza quedó atrapada entre páginas que nadie abrió. "Hoy ahogo mis penas", proclamas, aunque la única pena sea que tu celular te recordó que hace dos años prometiste aprender un idioma y todavía piensas que "bonjour" es una bebida francesa.  

Pero sobre todo, bebes porque nada significas para quien todo significa para ti. Porque si la vida fuera una fila en el banco, tú siempre elegirías la que no avanza. Porque si la suerte fuera un juego de mesa, tú serías ese jugador que lanza el dado y cae en "pierdes tu turno" en cada jugada.  

Bukowski probablemente habría brindado por eso con una mirada de "te lo dije". Porque al final, no es cuestión de beber por algo… es cuestión de beber para que algo pase. Y si lo que pasa es que terminas bailando con un poste mientras le confiesas tus penas, pues bueno, al menos algo pasó.  

Y si el día siguiente te despiertas en poses imposibles, abrazando un zapato como si fuera el amor que nunca tuviste… entonces Bukowski sonríe desde el más allá, aprobando tu dedicación a la causa.  

domingo, 25 de mayo de 2025

El Condenado (Microrrelato)

La celda era angosta, sus muros húmedos y agrietados exhalaban un aire denso, cargado de óxido y encierro, de humanidad extinguida. Una única bombilla amarilla parpadeaba débilmente, proyectando sombras que danzaban como espectros en el silencio, apenas roto por el goteo constante de una tubería lejana: un reloj de agua que marcaba el tiempo con implacable crueldad.

Sentado en el filo del catre, el hombre sentía el uniforme naranja adherirse a su piel. Sin embargo, no era el calor lo que lo agobiaba. Era el peso de la espera, una bestia invisible y sofocante. Espera que al principio fue dolor; y que, ahora, solo era un vacío incrustado en cada fibra de su ser.

Estaba tranquilo. El miedo del principio había mutado. Ya no era un monstruo acechando desde la esquina, sino una presencia muda, sentada a su lado día tras día, recordándole lo inevitable. A veces se decía que estaba resignado. Otras, comprendía que aquella resignación era otra forma de quebrarse.

Esperar era una tortura sin látigos. Cada minuto se estiraba como una soga. Cada latido sonaba ajeno, como si su cuerpo aún ignorara la condena. No había futuro, solo un presente interminable que oprimía el pecho, obligándolo a respirar con cuidado, como si gastar aire fuera pecado.

Entonces, los oyó.

Pasos. Lentos. Decididos. Acercándose. No miró la puerta. Supo que era el final.

Por primera vez en toda esa eternidad inmóvil, deseó que llegaran rápido.

Porque lo insoportable ya no era morir. Era seguir esperando la muerte.











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sábado, 24 de mayo de 2025

Encuentros

Como si, en su vastedad, el tiempo dejara migas de luz para guiar lo imposible. Como si en los pliegues del azar respirara un propósito oculto. Hay coincidencias que quiebran la lógica, desobedecen las reglas del cálculo y parecen gestos deliberados de un orden secreto, una conspiración silenciosa que, en su capricho más bello, nos acerca con una precisión imposible.  

A veces, la existencia nos ofrece destellos de ese diseño oculto, tejiendo caminos invisibles que conducen los sueños hasta la orilla de lo real. En esos instantes, el azar deja de ser un accidente y se inclina con elegancia hacia un propósito, plegando el caos en formas que nos conducen, sin aviso, al milagro del reconocimiento.  

Era improbable nuestro encuentro, casi absurdo en la vasta lógica del cosmos. Como dos astros condenados a trayectorias opuestas, como sombras que jamás deberían tocarse, como dos notas de una melodía que el tiempo nunca quiso hacer coincidir. Éramos líneas dibujadas en mapas distintos, costas separadas por océanos de distancia y azares que nunca se doblegan ante los deseos.  

Pero algo, en uno de sus raros gestos de belleza, pareció desafiarse a sí mismo. Algún engranaje invisible se alteró, algún cálculo imposible quebró su ecuación perfecta, y de pronto, en el pliegue más insospechado de la realidad, allí estaba ella, en el único cruce improbable que jamás debió existir, en la grieta exacta donde el azar permitió la maravilla de conocernos.  

Los astros titubearon en su marcha errante, inclinándose con un gesto imperceptible hacia la promesa de nuestro encuentro. Las mareas, en su danza antigua, tejieron un acuerdo silencioso con el viento, que en su aliento errático supo llevar los ecos de lo inevitable.  

Todo cedió un poco, el pulso del tiempo se desvió en su mínima fracción, la luz de una estrella agonizante iluminó justo el instante en que nuestros caminos debieron cruzarse. Entre la arquitectura secreta del caos, la casualidad doblegó sus propias leyes, torciendo la vastedad en un instante exacto, en el milagro preciso de hallarla.  

Planeado o casualidad, celebro la maravilla de nuestro encuentro, el instante donde todo cedió. Las órbitas, los vientos, los caminos que nunca debieron tocarse. Como si una fuerza antigua decidiera revelarnos la verdad que escondía.  

Como quien agradece la luz después de la sombra, honro el equilibrio secreto que nos permitió encontrarnos, la precisión oculta que torció el caos hasta dar forma a este milagro. No importa si fue destino o error, si fue cálculo o capricho; lo único que sé es que en este cruce, en esta coincidencia dorada, la inmensidad se dejó comprender por un instante... Y nos miramos. 

Todo debió alinearse. Las estrellas que callan, los senderos que doblan en esquinas invisibles, los pulsos secretos del azar que vibraron justo en el instante preciso. Fue como si el orden oculto del cosmos, en un arrebato de generosidad, ajustara cada variable para que nuestras miradas se cruzaran en el único momento posible.  

Y aquí estamos, con la certeza luminosa de que lo improbable no solo es posible, sino que, cuando ocurre, es la belleza más pura que la realidad puede ofrecer. Como si el destino mismo hubiese escrito su voluntad en las órbitas celestes, sería casi una afrenta ignorarla, sería casi un pecado no quererla.  

Después de todo, si el mundo entero se dispuso a traerla hasta mí, ¿qué otra opción podría quedarme sino rendirme ante su milagro?  







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domingo, 2 de marzo de 2025

La papelera (Microrrelato)

La papelera, abarrotada, negó refugio al papel arrugado que voló hacia ella, dejándolo caer al suelo junto a media docena más de hojas maltratadas. Las hojas caídas, junto a las que colmaban aquel depósito de fracasos, daban mudo testimonio de la sequía creativa que consumía al hombre sentado frente al escritorio.

El desastroso estado de su cabello y barba, así como la camisa desabotonada y arrugada, combinaban con los vasos de café vacíos y los platos sucios que lo rodeaban. Juntos, componían un cuadro que proclamaba con elocuencia las largas horas que había consagrado a aquel arduo menester. 

Con la cabeza entre las manos, el hombre escrutaba su cerebro buscando entre sus recuerdos un destello de la musa que le devolviera las palabras perdidas. Pero solo encontró el vacío. 

Había ofrendado cada ápice de su ser, alma y corazón, construyendo un universo de devoción para aquella mujer que había sido su todo. Y aquel universo, aquel mundo mágico, se desmoronaba por la falta de atención, ignorado por aquellos hermosos ojos del color de la noche que lo alimentaban. 

Con el dolor en los ojos, leyó la única línea en el papel sobre la mesa: 

Yo la amaba

Con desesperación arrugó el papel y lo arrojó al cementerio de tristezas en la papelera al fondo… y escribió en una nueva hoja

Ella eligió. Yo no supe hacer que me amara

y colocando nuevamente la cabeza entre sus manos, escrutó su cerebro, tratando de encontrar la musa que había perdido…










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jueves, 9 de enero de 2025

Bhekisizwe (Microrrelato)

Bajo la sombra de aquel baobab, el anciano Bhekisizwe, sentado abrazando sus rodillas, contemplaba a su aldea extendiéndose a sus pies. Con tristeza, evocó sus años de ingane, cuando comenzó su leyenda al vencer chacales que lo superaban en número, tamaño y fuerza. Aún se contaban las historias del niño guerrero que, al hacerse hombre, había traído honor y gloria a su gente.

Pero todo aquello era ahora distante. Su tiempo parecía agotarse, y nadie reclamaba ya su ayuda o consejo. Una vida de victorias parecía reclamarle ahora su rendición y aparente inutilidad.

Un movimiento repentino lo distrajo de su introspección. Un grupo numeroso emergía de su aldea avanzando hacia él. Con el corazón palpitante reconoció a su hijo mayor, el actual induna, y al consejo de ancianos liderado por su propio padre. Seguidos por el resto de los aldeanos entonando un cántico jubiloso.

El grupo guardó silencio ante Bhekisizwe, quien, consciente de la importancia de la comitiva, se puso en pie. Su hijo y su padre, majestuosos y orgullosos, extendieron sus manos proclamando:

— Bhekisizwe Ndlovu, te invitamos a ocupar tu lugar en el consejo de ancianos. ¡Por los ancestros!

Con el pecho henchido de orgullo, respondió:

¡Por los ancestros! Acepto mi lugar en el consejo.

Así, entre aclamaciones, la aldea entera lo acompañó hasta su merecido puesto entre ellos.

Sin detenerse, el anciano dirigió una última mirada al viejo baobab dejando allí sus dudas. Seguro y fortalecido, siguió luego el camino de un nuevo capítulo en su extraordinaria vida.






Aporte para el reto
del Mes Enero de 2025 en
(Un micro de máximo 250 palabras en torno a la vejez y sus desafíos)



martes, 31 de diciembre de 2024

Una Historia de Noche Vieja (Relato Corto)

Aquella celebración había crecido en intensidad con cada hora trascurrida a medida que el último día del año llegaba a su fin. El licor fluía aun generoso, mientras las bandejas de entremeses, dispuestas sobre la mesa, invitaban a prolongar el brindis una y otra vez. 

A esa hora, ya el alcohol hacía estragos entre los asistentes, y la alegría, desbordante, anticipaba un nuevo año cargado de promesas y triunfos. Solo un hombre, ajeno a sus efectos, se unía a cada brindis con la misma vehemencia que los demás, empuñando con firmeza cada vez un vaso de refresco de cola. Sus vítores resonaban con igual fuerza, pero con una claridad y dicción impecables, inmunes a la embriaguez general.

Tras una tarde de inútiles persuasiones, los demás habían desistido de incorporarlo a su juerga. Impertérrito, aquel hombre parecía hallar tanto placer en su suave refresco como ellos en la embriaguez de los múltiples licores que animaban la celebración. Rechazaba con cortesía cada ofrecimiento, con una velada mirada de rencor hacia la bebida, sin dar explicación alguna a sus compañeros. 

Algo sin embargo, bajo aquella máscara de aparente alegría, diferenciaba a aquel hombre del resto de los invitados además de su obstinación abstemia: entre brindis y brindis, se sumía en sus pensamientos, a veces esbozando una sonrisa enigmática, otras con la mirada perdida en la lejanía o simplemente con los ojos cerrados en aparente búsqueda interior.

En realidad, no se consideraba abstemio o particularmente refractario de alguna manera a la bebida. Hasta hace algunos días apenas, se habría comportado exactamente como sus compañeros. De verdad que habría disfrutando de aquella celebración confiando su diversión y la construcción de un ambiente festivo adecuado a las cualidades de un buen licor. 

Sin embargo, aquel día, el licor que siempre había sido sinónimo de celebración y camaradería había alcanzado para él el grado de traidor. Se sentía profundamente desconfiado, y habría de transcurrir mucho tiempo antes de que pudiera reconciliarse con él y permitirse, de nuevo, el placer de un brindis en una ocasión festiva como aquella.

Es que aquel licor, el que siempre había confiado a su temple, lo había traicionado, desbordando sus límites y arrebatándole algo irremplazable. Algo más allá de su honor o cualquier cosa material. Algo por lo que habría dado todo para poder recuperar. Aquel licor que ahora rechazaba y odiaba le había arrebatado lo más importante para él… le había quitado un recuerdo.

No era una gran historia, ciertamente, lo que se había llevado. Ni siquiera un recuerdo con la fuerza de cambiar un destino. Nada que, en el océano de sus días, otros hubieran valorado. Pero para él, era un universo entero. Es que esa sombra en su memoria era un eco de ella… de una de las presencias más hermosas que había conocido. Un instante fugaz, una conversación intrascendente, un mensaje en el espacio, apenas un eco de palabras que sin embargo, para él, lo significaban todo. Y aquel maldito licor, como un ladrón silencioso, se había llevado consigo ese hermoso susurro en una noche de excesos.

Por eso aquel hombre brindaba por el año que se despedía con su refresco de cola, gritando y celebrando como los demás, sin haber probado una gota de alcohol. Por eso, entre brindis y brindis, se ensimismaba. Por eso, su mirada se perdía en la lejanía o simplemente cerraba los ojos… El hombre, aquella noche, solo buscaba en las sombras de su mente los rastros de aquellos mensajes que, un día, el licor le había arrancado. 

Silenciosamente se prometió a si mismo que ni una fracción de segundo más de sus recuerdos de ella se perderían, eran demasiado valiosos e irrepetibles…

Levantándose, llenó su vaso con más refresco de cola y se unió al coro que brindaba… 

¡Por los recuerdos valiosos que nos deja el viejo año y los que nos traerá el nuevo!... 

¡Feliz Año!

 ;-)

jueves, 19 de diciembre de 2024

Escape de Apego (microrrelato)

El "camino de perdición", la "ruta de los espantos" o simplemente “El despeñadero”, eran algunos de los nombres con los que los habitantes de Apego habían llamado a aquella especie de túnel en las montañas, la única salida y entrada posible al caserío. 

El origen del peculiar nombre del caserío era desconocido, pero para el hombre que salía del túnel al valle del río Carira, resultaba asombrosamente adecuado. Sus habitantes, tan apegados a su tierra, experimentaban una notable aceleración del ritmo cardíaco solamente ante la mera posibilidad de abandonarla. 

Y aquel túnel maldito se alzaba como fauces oscuras para los que ansiaban la partida, un abismo que devoraba la esperanza. Nada más adentrarse en él, una opresión en el pecho y un nudo en el estómago anunciaban la tortura que vendría, según testimoniaban los que habían claudicado. Con cada paso, el túnel apretaba su yugo: temblores, tensión muscular, vértigos y dolores de cabeza lacerantes asaltaban a los osados hasta que invariablemente las emociones se desbordaban y, entre lágrimas y sollozos, los derrotados recorrían a rastras el camino de regreso al caserío del nombre extraño, de vuelta en su prisión.

Pero siempre hubo quienes no regresaron, y ellos se convirtieron en la esperanza que impulsaba a otros a intentarlo. Personas como aquel hombre que, victorioso, se sentó en una roca a la salida del túnel para beber de la botella que llevaba consigo.

Frente a la boca oscura del túnel, el hombre reflexionó sobre la relativa facilidad del camino recorrido. A diferencia de otros, él no había experimentado la opresión en el pecho, los temblores ni las cefaleas que atormentaban a quienes lo intentaban. Solo una creciente necesidad de avanzar lo había impulsado hacia el final. No había sentido nada más… en realidad, aun ahora, nada sentía.

Una sonrisa triste afloró en su rostro sin que ningún otro musculo demostrara la existencia de algún sentimiento detrás de ella. El hombre comprendió la razón de su victoria sobre el túnel casi tan rápido como aquel trago de licor bajó por su garganta. Había vencido, simplemente porque el túnel no tuvo armas contra él.

Para que el túnel ejerciera su poder, para que aquellas emociones que ataban a los hombres a  Apego los obligaran a retroceder, era preciso poseer un corazón, un alma que vibrara con la oscuridad que los consumía. Pero el túnel se encontró en él solo el vacío. Nada que desgarrar, nada que asir.

El hombre había dejado todo allá en Apego. Específicamente en unos ojos oscuros y una cabellera morena que nunca supo, o quiso saber, de él ni de sus sentimientos arrullándose al calor de otros brazos. Él nunca supo que estaba comprometida, el único del caserío en no saber parecía. Toda su capacidad de sentir se quedó con ella, mientras su carcasa vacía huía por el túnel hacia cualquier parte. 

El hombre se levantó suspirando, dispuesto a seguir el primer camino que encontrase. Obligó a sus pies a moverse sin que su cerebro marcara ninguna dirección. Solo un pequeño atisbo de esperanza le motivó a moverse hacia adelante. La esperanza de encontrar algo más que comenzara a llenarle… algo que reemplazara todo lo que había quedado allá en Apego, algo que le recuperara el alma…  


martes, 5 de noviembre de 2024

¡Atrapado! (Microrrelato)

El hombre despertó con una sensación fría y húmeda sobre su frente. Confundido, abrió y cerró los ojos tratando de despejar su mente. No recordaba dónde estaba, ni cómo había llegado hasta allí.

La oscuridad era tan profunda, que dudó si aún estaba atrapado en un sueño. Intentó frotarse los ojos, pero su brazo derecho se quedó petrificado e inútil. El izquierdo, rebelde, se negó a obedecer la orden de buscar la causa de aquel contacto helado que sentía en su frente. 

Con el miedo comenzando a anidar en su corazón, trató de mover su cuerpo en la oscuridad. Un dolor indescriptible en un costado le hizo gritar pero su cuerpo permaneció inerte. Solo su cabeza se inclinó golpeando algo con fuerza. Pudo sentir como algo sólido caía sobre su rostro, desprendido seguramente por el fuerte golpe. 

Un olor conocido impregnó su nariz, exacerbado de seguro por el esfuerzo de moverse. Ya lo había sentido antes, allá en su niñez, en la granja de los abuelos. El pánico le heló el corazón. De seguro era tierra lo que sentía y olía. Era Tierra húmeda lo que le aprisionaba y le impedía moverse, y era algún tipo de fuente de agua lo que goteaba en su frente. 

En ese momento, la verdad le llegó como un relámpago,… ¡POR DIOS!, ERA UNA TUMBA EN LA QUE SE ENCONTRABA… Entonces recordó. Recordó la emergencia, recordó la avalancha.. y recordó la montaña… 

Recordó y, luego, se sumergió nuevamente en el olvido... 




Aporte para el reto
del Mes Noviembre de 2024 en






viernes, 15 de marzo de 2024

La Amistad Primero (Microrrelato)

Joven enmascarado con un violín en la mano luego de un concierto
El polvo en la pista aún no se había asentado pero la gente seguía aplaudiendo a aquel grupo de música popular. La verdad habían estado especialmente alegres en sus interpretaciones manteniendo el baile durante horas.

Sin embargo los miembros del grupo recogían sus cosas en silencio y con una extraña seriedad. Trabajando rápidamente, no perdían de vista al joven enmascarado que, en medio de la tarima, permanecía de pie con su violín en la mano y la mirada fija en algún punto más allá de la gente que les aclamaba.

Rogaban que no se materializara lo que habían logrado evitar toda la noche. Sin embargo, sus esperanzas se hicieron pedazos al ver que el joven levantó su violín y, quitándose la máscara, dio inicio a los acordes de la canción que habían pactado no tocar.

“Llego la noche fatal, noche de agonía para mi soñar,
Noche de partida. Te marchas muy lejos sin volver atrás”

Resignados, se unieron a su compañero en la interpretación del tema que sabían desataría el infierno:

"Por dios mírame, los ojos en llanto, amándote tanto me vas a dejar."

Grupo de hombres enojados
Inquietos, observaron  el grupo de hombres que atravesaban furiosos la pista, seguramente el novio y el padre de la novia con sus amigos. 

Lastima –. Pensaron –  Casi terminamos la noche sin un solo golpe. Pero, la amistad primero.

Y el baile continuó hasta que el ruido de un violín, o tal vez unas costillas, rompiéndose marcó el final de aquella fiesta de despedida de novios.








Aporte para el reto
del Mes Marzo de 2024 en



viernes, 19 de enero de 2024

¿Verde o Rojo?

Hombre asustado mirando un artefacto en la puerta del baño
¡El rojo, solo corta el rojo! –. Resonó desde el suelo el altavoz del teléfono, interrumpiendo el silencio en el minúsculo baño.

Sobresaltado, el hombre limpió el sudor de su frente con la grasienta manga de su camisa mientras observaba el reloj que tenía delante de sí. 

Esa mañana la urgencia estomacal que le llevó al baño de su cafetería favorita había pasado de ser, literalmente, una inmensa mierda a una metafóricamente mucho más grande en cuestión de segundos.  

Había entrado en aquel cubículo con los pantalones casi abajo cerrando la puerta sin prestar atención a nada que no fuera evitar ensuciar su ropa. Solo al sentirse desahogado levantó la cabeza lo suficiente para ver aquel horrendo aparato pegado a la sucia puerta metálica. 

El reloj se conectaba con unos pocos cables a algún tipo de explosivo poderoso que, según los dígitos en la pantalla, le mandaría al infierno con todo y su culo sucio en menos de 15 minutos. 

Después de una llamada y varia fotos enviadas estaba allí, ahora con menos de 30 segundos en el reloj, recibiendo instrucciones telefónicas para desarmar el explosivo con su pequeña navaja suiza.

– Vamos, hombre. –. Apremió la voz en el teléfono – Solo son tres cables. Cuídate de los dos verdes, corta el rojo y podrás limpiarte.

Resignado, el hombre sonrió fantaseando con los titulares bizarros del día siguiente:

¡INCREÍBLE! DESCUBRE SU DALTONISMO EN MAL MOMENTO
Y FALLECE EN EL TRONO

Y cortó un cable cualquiera…




Relato participante
en el reto de mes de Enero de 2024






palabras Clave: microrrelato rehen ficcion cuento miedo

domingo, 24 de diciembre de 2023

Nochebuena

Hombre mirando por la ventana a un grupo de monstruos amigables
El hombre, ensimismado en sus pensamientos, miró por la ventana con desgana. A pesar de que podía contar muchas historias sobre lo que veía en el exterior, aquella noche se mantendría al margen de aquel mundo que le fascinaba y en el que se perdía de vez en cuando.

Por ahora, los protagonistas de sus escritos quedarían afuera. Aquella noche, su mundo era aquella habitación repleta de ángeles, reyes y reinas del mundo real. El resto, bueno, el resto tendría que esperar.

Un coro de gritos de alegría lo sacó de sus pensamientos. Sonriendo, saludó con la mano a los seres fantásticos que lo observaban desde fuera, y cerró la cortina de la ventana para apresurarse al encuentro de quienes lo llamaban desde dentro.

–  Hey, el regalo grande es el mío… -. Dijo mientras un grupo de niños le abrazaban las piernas

–  ¡Feliz Navidad Tío!, ya llegó Santa.

Y aquella noche, Nochebuena por cierto, los protagonistas de sus historias se quedaron afuera… provisionalmente. 




A todos los lectores asiduos de mi blog, especialmente a mis amigos de El Tintero de Oro, les quiero dar las gracias por acompañarme durante este año. Sus comentarios me ayudan a pulir mis historias y a mejorar mi escritura. Se les aprecia mucho. Desde Venezuela, les deseo una muy feliz Navidad y un excelente año 2024 lleno de éxitos y alegrías. Un abrazo a todos. (Octavio)

Grupo de monstruos navideños con regalos rodeando una fogata


viernes, 10 de noviembre de 2023

La Exhibición

Grupo de extraterrestres observando un aviso en una pared.
AVISO

Respondiendo a los hechos de esta mañana, la comandancia general ha decidido tomar una serie de acciones destinadas a garantizar la seguridad de esta comunidad. 

Instamos a los capitanes de unidad a asegurar el cumplimiento de las siguientes normas destinadas a lograr una defensa más efectiva y una pronta victoria:

  1. Se prohíbe la permanencia en el exterior en el horario comprendido entre las 1900 y las 0700 horas.
  2. Los pases de salida se otorgarán solo a los grupos operativos de logística con escolta. Todas las salidas estarán restringidas al horario comprendido ente las 1000 y las 1400 horas.
  3. Los capitanes deberán garantizar los suministros a las unidades especializadas que efectuarán labores de limpieza exterior. Para ello se servirán a discreción de cualquier pertrecho en nuestras instalaciones.
  4. Los residentes no combatientes se mantendrán en sus cubículos y pondrán a disposición de los grupos operativos cualquier recurso, material o humano, requerido. La lucha es responsabilidad de todos y no hay sacrificio demasiado grande para la victoria.

Hermanos, por milenios hemos sobrevivido a plagas, guerras, cataclismos geológicos y eventos interestelares… y aún estamos aquí. Esta vez, en unidad, también sobreviviremos.

Nota: El Servicio fúnebre de los caídos se realizará a las 0800 horas. Agradecemos Puntualidad, la unidad médica deberá asegurar la disposición de los cuerpos antes de su transformación. 

C.R.E.

DATOS DEL DOCUMENTO HISTÓRICO

Cod: AR_TI15F2534
EDAD SOLAR: ¿1600-1700 ciclos?
ORIGEN: PLION1485 (Tierra. Sin formas de vida inteligente. Probable Holocausto Zombie)
TIPO: Texto Arqueológico
UBICACIÓN: Museo interestelar SOL859S (En Exhibición)






lunes, 25 de septiembre de 2023

Extraña cosa... Extraña de verdad (Microrrelato)

El avezado policía parecía observar con desconfianza el cadáver sobre aquel montón de papeles. Sabía quién era. Su familia era dueña de una mitad de la ciudad y acreedora de la otra mitad.

Sin embargo, la única habilidad que demostró el occiso fue la de gastar dinero a manos llenas. Criador de caballos, Piloto, vitivinicultor, arqueólogo, y últimamente escritor sin musa, fueron solo algunas de las aventuras millonarias que emprendió durante su vida.

Extrañamente, al final, fue la escritura la que pareció darle frutos. Su único libro: “Pídeme un deseo y lo verás por escrito”, causó furor convirtiéndolo en estrella.. 

Y allí estaba ahora, muerto. Sin computadora o máquina de escribir a la vista. Tendido sobre un montón de hojas escritas evidentemente a mano con aquella vieja pluma de ganso y tinta de un tintero dorado, ahora vacío, aún sobre la mesa… Muy extraño.

Con la vieja pluma, escribió la palabra “FIN” sobre un pedazo de papel y la comparó con la letra en las hojas tiradas. La misma tinta. Aquel hombre parecía escribir su obra con aquel tintero, aquel tintero dorado. Miró con envidia las hojas abandonadas sobre la mesa, de seguro sería una verdadera locura de ventas..

Satisfecho, se dispuso a salir de la habitación. Algo, sin embargo, llamó su atención en el viejo tintero. Levantándolo hacia la luz, pudo observar unas pequeñas letras cerca de su base que ameritaron toda su agudeza visual para ser leídas:

"Omnia habet pretium."

Extraña cosa aquella chuchería… extraña de verdad. 




Presentado en el reto del mes
de Septiembre de 2023 en




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