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viernes, 8 de mayo de 2026

Kesshin: un nuevo camino

He vaciado el cántaro tantas veces
que el barro mismo ya sabe
el sonido de la sequía.

He sido el soporte, la viga silenciosa,
el que sostiene el techo ajeno
mientras el propio se agrieta en silencio.

De tanto sostener nace un cansancio
que no se cura durmiendo:
un peso de años,
derramando el oro del tiempo
a cambio de migajas
y manos que nunca se abren.

He sido el fuego
que calienta hogares donde no tengo silla,
la voz que alienta
cuando el eco es mi única respuesta.

Pero el silencio de hoy
no es el de siempre.
No es la fatiga del que se rinde,
sino la quietud lúcida
del que por fin comprende.

Siento el Kesshin vibrar,
no como amenaza,
sino como pulso exacto en la mano,
hoja de acero que corta limpio
el nudo que me ataba.

Sin ira en el filo,
solo claridad.
El corte necesario
entre lo que fui
y lo que ahora elijo ser.

Así reclamo mi corazón:
lo retiro de las plazas
donde se mendiga atención
y lo siembro, paciente,
en mi propio huerto.

Ya no hay fugas de energía hacia el vacío
ni sacrificios
en altares ajenos.

Me detengo.
Respiro un aire
que ya no le debo a nadie.

La resolución es muro
y puerta a la vez:
fin de la entrega ciega,
nacimiento de mi soberanía,
como un límite trazado en la tierra,
innegociable.






Kesshin

Determinación absoluta que nace de la unidad entre mente y espíritu, permitiendo cortar con vínculos o hábitos que agotan la energía vital para reenfocar la voluntad hacia un propósito nuevo y firme.

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