ll


domingo, 13 de octubre de 2024

La Cerca

Siempre me había sentido más conectado con la tierra que con las personas. A pesar de los esfuerzos de mi familia y de los demás granjeros por hacerme más sociable, mi única pasión siempre había sido la agricultura. Mis semillas, mis cultivos y mis animales eran mi mundo. Las interacciones sociales, aunque necesarias para sobrevivir en esta comunidad, eran para mí un mero trámite que toleraba lo justo y necesario
.

Por eso, durante mucho tiempo ignoré casi todo de los demás habitantes del valle del Carirá. Sus nombres, sus historias, sus familias eran para mí un misterio que no deseaba develar. Los veía cada semana pasar frente a mis tierras camino al mercado, rostros familiares que se perdían en la multitud, fantasmas sin color ni forma que se desdibujaban esparcidos por la rutina. Mis relaciones sociales se limitaban a esas fugaces apariciones semanales. Aun ahora prefiero la soledad, el silencio que me brinda mi sombrero clavado en los ojos, evitando cualquier conato de saludo que favorezca alguna interacción que rompa mis pensamientos.

Esto no presentó ninguna dificultad mientras vivían la tía Carmen y su marido, Carlos. Ellos se encargaban de las negociaciones en el mercado y de sentarse en la cerca a perder el tiempo conversando con todos los que pasaban frente a nuestra granja. Yo solo clavaba mi sombrero sobre los ojos y me volvía una planta más, sin voz y sin entendimiento. Por suerte, todos lo sabían y, a pesar de algunos graciosos, pocos trataban de hablarme.

Pero la tía Carmen ya falleció y su marido pronto encontró con quien seguir compartiendo su vida  en otras tierras. Así que, pues, me quedé solo por fin encargándome de todas las labores de la granja… y todo lo que venía con ellas. 

Solo entonces pude darme cuenta y entender. Es que tanto tiempo ver a la gente caminar por aquel camino y nunca supuse que no todos los que pasaban eran lo que parecían. 

No sé si esta capacidad que tengo, me niego a llamarlo don, es algo familiar o tiene que ver algo con la tierra que trabajo… pero el hecho es que, pues… ¡Lo diré de una!.. ¡VEO FANTASMAS!

No esos fantasmas misteriosos, o terroríficos o vengativos de los que la tía Carmen hablaba cuando yo era un crío. Los míos son diferentes, la mayoría de las veces ni siquiera están interesados en mi o en lo que hago. Tienen un comportamiento, digamos, definido y generalmente relacionado con otras personas.

Les repito, soy un solitario. Y tal vez estoy mal de la cabeza, no lo sé. Antes de quedarme solo tras la muerte de mi tía Carmen, no tenía suficiente interacción social como para saber si mi forma de relacionarme era normal o no. 

Era tan desconectado de los demás que podría haber confundido a un maniquí con una persona real. De hecho, probablemente lo habría saludado para evitar los regaños de mi tía. Así que, perdónenme si les parece una locura que no me diera cuenta que veía gente… que no era gente.

Solo cuando me vi obligado a ir más seguido al caserío, y a conocer un poco más a los vecinos, las cosas comenzaron a ponerse raras para mí. 

Recuerdo que la primera señal de que algo no estaba bien la recibí un día de mercado, negociando unas semillas. Es que, mientras negociaba, la gente se acercaba al vendedor expresándoles su condolencia por el fallecimiento de su única hija. Al parecer, tratando de cruzar el río en su última creciente, el agua arrastró a la pequeña niña y aun no la encontraban. El hombre estaba allí vendiendo sus reservas de semillas para poder seguir con la búsqueda.

Les digo, piensen lo que quieran, pero lo que me llamó la atención aquella vez no fue el sufrimiento del vendedor. Es que, como ya les dije, las personas que van al caserío pasan necesariamente por el frente de mi granja y juraría que el día anterior, como todas las semanas, había visto llegar a aquel hombre… seguido por una hermosa niña vestida de fiesta que habría jurado era su hija.

No preste más atención al hecho aquel día. Me interesaban demasiado poco las demás personas como para que el haber confundido una viva con una fallecida me quitara el sueño. Solo que a la semana siguiente el vendedor, que había prometido traer algunas herramientas en buen estado, no apareció. Según parece, unos días antes, al encontrar por fin el cuerpo de su hija, el hombre no resistió el dolor y decidió acompañar a la niña por la eternidad usando un certero escopetazo. 

Cosa extraña en realidad. Estaba seguro de que, en mi visión de la semana anterior, la niña que vi parecía hacer señas negativas al hombre con el dedo, como instándolo a no ser algo como eso… raro, o al menos así me pareció entonces. 

Desde aquel día, comencé a prestar más atención a las personas en el exterior de la cerca. Eran más de los que recordaba y muchas veces llevaban consigo a su acompañante.  

Con el paso del tiempo, al familiarizarme con los viajeros de aquel camino, pude constatar la profunda tristeza con la que a menudo cargaban. 

Extrañamente, noté un patrón en ellos. Espíritus que seguían a seres queridos a punto de fallecer. Tal y como aquella niña que, como presagiando la partida de su padre, lo acompañaba paso a paso. Este desgarrador desfile se repitió en innumerables ocasiones frente a mi granja. 

Sin embargo, los deudos, sumidos en sus pensamientos, avanzaban indiferentes a la presencia de aquellos seres etéreos que los seguían a corta distancia. En sus rostros, a veces, se entreveían expresiones alegría, de resignación, de dolor o incluso de una extraña esperanza. Gestos sutiles, miradas furtivas, como si intentaran comunicarse a través de una barrera invisible.

La imagen recurrente de personas al final de sus días me conmovía profundamente. Reflexionaba sobre la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Mis propios miedos y mi soledad se agudizaron ante esta realidad. Aislado y resentido, me preguntaba una y otra vez: ¿Quién vendría a buscarme cuando llegara mi hora? ¿Habría alguien que lamentara mi partida?. 

La imagen de aquella niña, desesperada por comunicarse con su padre, se me había grabado a fuego. Me imaginaba a los otros espíritus, igual de solitarios, anhelando reconectar con sus seres queridos. La angustia de no poder comunicarse debía consumirlos. Con el tiempo, comprendí que no podía ser ajeno a su sufrimiento. 

Así, con un nudo en la garganta y el corazón encogido, decidí convertirme en su voz. A un lado de aquella cerca, día tras día, aguardaba a aquellos que llevaban consigo la presencia de sus acompañantes espirituales. No podían hablar, pero yo sí. Y así, por el resto de mi vida, me dediqué a tender puentes entre ambos mundos.

Durante medio siglo, he sido testigo de un sinfín de emociones humanas: desde las más profundas alegrías hasta las más hondas penas. En ese tiempo, casi no hubo semana en la que no me parara en esa cerca a conversar con alguien nuevo, a escuchar sus historias y compartir mis propias experiencias. Es como si esa cerca fuera un puente que conectaba a las personas, un lugar donde los corazones se abrían. Y sí, sé que suena extraño, pero les aseguro que cada conversación era única y especial. Ustedes pensaran que eso es casi un milagro pero ¿Qué quieren que les diga?, veo fantasmas.. ¿Tan raro les parece lo demás?

Esa constante interacción, ese privilegio de ser confidente, cambió mi corazón y mi alma llevándome por un camino de transformación profunda. He evolucionado hacia un oyente empático, un alma que ha aprendido a abrazar la diversidad de las experiencias humanas. Cada historia compartida ha sido una lección, un regalo que ha enriquecido mi vida de una manera inimaginable.

Sin embargo, hasta hoy, la misma preocupación me acompaño durante años. Invariablemente, los caminantes y sus acompañantes espirituales que he conocido siempre compartían un amor profundo, tanto en vida como en la muerte. 

A diferencia de ellos, yo nunca he experimentado ese amor. No recuerdo a mis padres, y mi tía, pues cumplió con alimentarme y vestirme dándome siempre lo que necesitaba, pero eso del amor, no era en realidad lo suyo. Por eso, mi mayor temor es partir solo, sin nadie que me acompañe en el camino y, la verdad, de esa manera no se adonde me llevará ese camino… ese es mi más grande temor.

Y, ese temor no ha hecho más que crecer. Siento que el fin se acerca, y es por eso que dejo por escrito estas palabras. Para que, en algún momento, el que pase por aquí sepa por qué esta casa está abandonada y qué fue de la vida de “El loco de la cerca”. Del cual ya habrá algún tiempo que no saben nada y seguramente estará esparcido por su campo sin que nadie se haya enterado. 

Dejaré este papel donde lo encuentren fácilmente, junto con las demás cosas de mi propiedad, para que el que las necesite pueda aprovecharlas.  Ya no tengo fuerzas para pararme en la cerca, así que me sentaré a la orilla de mi campo y esperaré… esperaré hasta que llegue el momento y luego, supongo que tendré fuerzas para seguir el camino.

El anciano, con la fatiga grabada en sus facciones, estampó su firma al final de la carta y la guardó en su sobre con esmero. Lo dejó sobre la cama y se dirigió a la puerta, donde la luz del sol, recién despierta, le invitaba a salir.

– ¡Un día radiante nos espera! – exclamó con una sonrisa.

Descendió los escalones de su hogar y se encaminó hacia el campo. Allí, junto a la cerca, lo aguardaba su rincón favorito: un sillón de madera bajo una sombrilla. Se acomodó y, con la mirada perdida en el horizonte, dejó que los recuerdos lo envolvieran.

Con los ojos entrecerrados, revivió cada encuentro tras la cerca, sumergiéndose en la misma emoción intensa de siempre. Su mente remontó el vuelo hasta aquella primera visión, el instante en que todo cobró sentido. Recordó al espíritu de la niña que le llevó a entender y, de pronto, se sintió invadido por un profundo pesar al entender que no la había ayudado. No solo por su ignorancia de aquel entonces, sino porque tuvo la certeza de que, aun conociendo la verdad, quizás no habría actuado de manera diferente. Era otro hombre entonces.

Sus ojos se llenaron de lágrimas por aquella niña y su padre. Con el corazón agobiado por la pena, intensamente pidió perdón al universo por aquel primer gran error, el cual parecía ahora venir a torturarle al final de su vida.

Un movimiento brusco lo sacudió de sus cavilaciones. Una sombra cruzó frente a él. Destellos de luz lo cegaron momentáneamente al abrir los ojos y tardó unos instantes en enfocar la vista. Allí, recostada en la cerca, estaba ella. La niña de los ojos grises, la misma que había necesitado su ayuda en el pasado. Su corazón se aceleró con fuerza al reconocerla. Le sonreía, y en esa sonrisa, él vio la luz del sol reflejada en un alma pura

Movido por la pena, el hombre solo pudo recordar lo que consideraba su deuda y con apenas un suspiro solo pudo exclamar.

– ¡Perdóname!.. No pude ayudarte. Y ya se terminó mi tiempo. – Dijo, mientras La sonrisa de la niña parecía hacerse más hermosa.

– Es hora de seguir el camino, y nadie me acompañará. No supe hacer que me amaran.

La niña parecía divertirse con lo que escuchaba. Extendió una mano al anciano mientras su rostro se suavizaba en una amorosa mirada que, de alguna manera, alivió las dudas y calmó las penas. Con una mano extendida hacia él, con la otra señaló a cada lado de la cerca llamando la atención del anciano.

De pronto, una multitud se materializó a lo largo de la cerca, sorprendiendo al hombre. Cada individuo, sin excepción, lo miraba con afecto y extendía una mano hacia él. En ese instante, el anciano reconoció en aquellos rostros a las personas que había conocido a lo largo de su vida y a las que había facilitado la comunicación con sus acompañantes. Todos ellos formaban parte de lo que él llamaba "la gente de la cerca".

Entonces comprendió. Los acompañantes no eran solo quienes lo amaban, sino aquellos a quienes amó con tal intensidad que forjó un lazo indisoluble. Eran las personas por las cuales se entregó desinteresadamente, buscando siempre su bienestar. Al amarlos profundamente, liberó su propia alma y creó una conexión tan íntima que los hizo uno consigo mismo.

– Mira tu, como son las cosas. Pensé que nadie me quería –. Dijo el anciano, feliz, sonriendo como un chico. 

Y tomando la mano que le extendía la niña, salió al camino uniéndose a aquella multitud que le recibió en luces y armonías. 

Jamás en el mundo, les garantizo, hubo en un solo lugar mayor muestra de amor.

viernes, 15 de marzo de 2024

La Amistad Primero (Microrrelato)

Joven enmascarado con un violín en la mano luego de un concierto
El polvo en la pista aún no se había asentado pero la gente seguía aplaudiendo a aquel grupo de música popular. La verdad habían estado especialmente alegres en sus interpretaciones manteniendo el baile durante horas.

Sin embargo los miembros del grupo recogían sus cosas en silencio y con una extraña seriedad. Trabajando rápidamente, no perdían de vista al joven enmascarado que, en medio de la tarima, permanecía de pie con su violín en la mano y la mirada fija en algún punto más allá de la gente que les aclamaba.

Rogaban que no se materializara lo que habían logrado evitar toda la noche. Sin embargo, sus esperanzas se hicieron pedazos al ver que el joven levantó su violín y, quitándose la máscara, dio inicio a los acordes de la canción que habían pactado no tocar.

“Llego la noche fatal, noche de agonía para mi soñar,
Noche de partida. Te marchas muy lejos sin volver atrás”

Resignados, se unieron a su compañero en la interpretación del tema que sabían desataría el infierno:

"Por dios mírame, los ojos en llanto, amándote tanto me vas a dejar."

Grupo de hombres enojados
Inquietos, observaron  el grupo de hombres que atravesaban furiosos la pista, seguramente el novio y el padre de la novia con sus amigos. 

– Lastima –. Pensaron –  Casi terminamos la noche sin un solo golpe. Pero, la amistad primero.

Y el baile continuó hasta que el ruido de un violín, o tal vez unas costillas, rompiéndose marcó el final de aquella fiesta de despedida de novios.








Aporte para el reto
del Mes Marzo de 2024 en



sábado, 9 de marzo de 2024

Un 28 de Febrero

 “Después de tanto tiempo que ha pasado, te parecerá mentira, pero no me acostumbro”
…

El hombre hizo coro, casi en un susurro, a la vieja balada que la chica de la barra había colocado para entretener a su único cliente.

La soledad del pequeño bar parecía irrelevante para el hombre que, en silencio desde su llegada, bebía su cerveza. No buscaba celebrar ni ahogarse en alcohol, solo recordar. Pero la melodía que sonaba en el local rasgó una fibra sensible en su interior, distrayéndole de sus pensamientos.

- Otra cerveza por favor, y sirve una para ti, acompáñame a brindar.

- Hola, si estás aquí. Te hacía en la luna o más allá. Lo siento, no bebo con los clientes.

- Vamos mujer, sírvete un vaso con agua si quieres pero colabórame. Hay cosas que no debemos hacer solos… entre ellas brindar.

La chica inició un ademán para negarse pero algo en los ojos del hombre, y en la canción que escuchaban, la detuvo:

"…Cada vez se me hace más difícil, cada vez. Y es que, sin ti, Todo se quedó por la mitad."

Con gestos rápidos, la chica colocó dos vasos en la barra y rebuscó en la barra hasta encontrar una botella medio vacía.

– Esta me la dejó mi padre. Si vamos a hacerlo, hagámoslo bien – dijo, mientras vertía el licor en ambos vasos. – Bien, ¿cuál es la ocasión?

El hombre miró a la chica en silencio. Necesitaría más que una tarde de miércoles para explicarle lo de aquel 28 de Febrero, seis años atrás. El día en que, de alguna manera, su mundo comenzó a hacerse más pequeño al vivirlo entre dos. De ninguna manera le bastaría la tarde para hablarle de aquellos trece meses en que el “yo” se volvió “ella” y el “mío” se transformó en “nuestro”. Eso, siendo muy minimalista, era lo que celebraba esa tarde. Seis años de haber demediado su vida colocando color a su mundo. 

– ¿Y Bien? – Le apremió la chica – ¿Bebemos?

– Sip, Por los 28 de Febrero. Los que traen a nuestra vida magia y color aunque no lo sepamos hasta que sea tarde… ¡Salud!

– O.k, pues, por los 28 de Febrero será, ¡Salud!

Ambos apuraron de un trago el contenido del vaso y finalizaron el ritual colocándolo boca abajo sobre la barra.

– Es hora de irme a casa – Dijo el hombre, mirando su reloj – Gracias por el brindis.

– De nada, siempre hay apoyo aquí para los clientes deprimidos. Cuando quieras, regresa. 

Con tranquilidad el hombre siguió hacia la calle mientras, extrañamente, el mismo tema aun sonaba en los altavoces del local:

“Siempre pensé: La vida debe de continuar. Pero, sin ti, Todo se quedó por la mitad”

Ya en la calle camino a casa, pensó que esa canción habría bastado para explicar su vida a aquella chica en el bar. Después de aquel 28 de febrero, su vida parecía haber quedado por la mitad. En estos seis años, todo lo que hacía le parecía “a medio vivir, a medio sentir”, como en aquella canción. 

Sin embargo, dando un mirada atrás recordando el gesto de la chica,  pensó que aquel "regresa" tenia un tinte bastante especial y que, tal vez, este 28 de febrero también había traído algo bueno… y se prometió volver al día siguiente.


Tema de Fondo
A MEDIO VIVIR
(Franco de Vita F. Gianmarco)
Autor: Franco de Vita





martes, 13 de febrero de 2024

Los dos Juanes

Juan se encontraba en el centro del patio al aire libre, presa de la ansiedad. Sus dedos tamborileaban incesantemente sobre sus piernas en un vano intento por controlar su nerviosismo. Con movimientos rápidos y furtivos, sus ojos escaneaban a los demás miembros del grupo, buscando un ápice de apoyo en la similar incomodidad que intuía en ellos. Sin atreverse a mirar atrás, podía sentir en sus vecinos la misma angustia que le atenazaba la garganta y lo mantenía atado, como si estuviera encadenado, a aquella incómoda silla de alquiler.

Observó a los hombres uniformados frente y a los lados del grupo. Su actitud pasiva, casi somnolienta, le quitó toda esperanza de que la espera terminara pronto. Evitando las demás miradas, reflejo condicionado de años de mantener un bajo perfil, fijó su vista en las rodillas y se dejó llevar por los pensamientos y recuerdos.

Lejanos se antojaban sus años mozos en la lejana Suramérica, cuando el mundo entero parecía postrarse a sus pies. En aquella época, Juan era el orgullo de su familia y un personaje entrañable para vecinos y conocidos. Todos los que le trataban lo describían con un rosario de virtudes: trabajador, amoroso, responsable, solidario, respetuoso... Su madre, a quien Dios tenga en su Gloria, lo llamaba simplemente "El Bueno de Juan", el que "se comería el mundo".

Sonriendo, Juan pensó que aquella fama era más mediática que otra cosa. Consideraba que su mayor virtud era la simpleza de su actuar: hacer lo correcto y perseguir el éxito únicamente a través del trabajo duro y la dedicación. 

Un murmullo detrás de él le sacó momentáneamente de sus cavilaciones y le obligó a mirar hacia atrás. Agobiada por la angustia y el calor, una mujer algo mayor que él yacía tendida en el suelo, siendo atendida por dos uniformados. En cuestión de segundos, dos paramédicos irrumpieron con una camilla y se llevaron a la mujer, dejando al grupo con un nudo en la garganta.

Intentando olvidar el incidente, Juan se sumergió nuevamente  en sus pensamientos. A pesar de sus esfuerzos, la economía general de su país fue un obstáculo insuperable para alcanzar el éxito que anhelaba y que su madre vaticinaba. Uno a uno, amigos y familiares fueron tomando otros rumbos para continuar con sus vidas lejos del desastre, seco de oportunidades, en el que se había convertido su patria. 

Sus habilidades le permitieron al "bueno de Juan" sobrevivir un poco más tiempo y cuidar de su madre sin necesidad de abandonar su hogar. Sin embargo, con su muerte, ya no tuvo más anclas ni opciones y sus pies emprendieron el camino que muchos de sus compatriotas habían recorrido antes que él.

Deliberadamente, eligió no recordar la travesía. Los peligros de la selva, las interminables jornadas, los mosquitos y el hambre eran fantasmas que no deseaba revivir. Flaco de cuerpo y  ánimo, pisó tierra extranjera con más resignación que emoción, buscando dar vida a las profecías de su madre. Lo que jamás imaginó, ni le habían advertido, era que encontraría un lugar donde no era bienvenido.

El “Bueno de Juan” se vio convertido de la noche a la mañana en un inmigrante no invitado, blanco fácil del odio de unos pocos y objeto de desconfianza para los demás. Juan perdió de un solo golpe la individualidad que le había valido, en su Patria, aquel apodo cariñoso. Se vio forzado a compartir el estigma de "Malo" con el que algunos trataban de agrupar a quienes, como él, solo buscaban vivir su vida en paz.

El apodo de "El bueno", que Juan había ganado con esfuerzo, se convirtió en uno de los remoquetes de los dos Juanes en que el exilio había demediado su vida. Juan “El bueno”, vivía en los recuerdos e historias de quienes compartieron su vieja vida y Juan “El Malo”, era el protagonista de las historias imaginarias malintencionadas y desinformadas que se contaban en su nuevo hogar.

Un murmullo generalizado le hizo levantar la cabeza y fijarse en el pequeño grupo de personas que subía a la tarima donde un atrio y algunas sillas les esperaban. El corazón pareció querer salirse de su pecho al reconocer a quienes llegaban. Era por fin el momento tan esperado. 

Un recién llegado habló, pero sus palabras no llegaron al cerebro de Juan. Una oleada de nostalgia lo embargó. Con anhelo, recorrió el patio buscando algo. A lo lejos, detrás de una banda azul que oficiaba de cerca, reconoció a una mujer y una pareja de jóvenes adolescentes abrazados. Sosegado, Juan sonrió y la calma inundó su espíritu. Allí estaba su nueva vida. La vida de Juan… ni el “Bueno” ni el “Malo”, solo Juan. Un hombre que había realizado el extremo sacrificio para construir un hogar y forjarse una vida según los deseos de su madre.

A pesar de la distancia, esbozó una sonrisa hacia su familia, sin la certeza de que pudieran verlo. De inmediato, su atención regresó al escenario. Se había perdido el discurso, pero justo a tiempo, se unió al grupo colocando su mano derecha sobre el corazón y recitando el juramento que, con tanta esperanza, había memorizado años atrás:

“I pledge allegiance to the flag of the…”

Pronunció las palabras con fe, anhelando que obraran como el conjuro que unificaría sus mitades "buena" y "mala" para volver a ser simplemente "Juan"... o "Jhon", como le llamaban sus ahora, oficialmente, nuevos paisanos.









Para mas relatos,
visita la Edición de febrero de 2024





palabras Clave: inmigrante migracion xenofobia naturalizacion

viernes, 19 de enero de 2024

¿Verde o Rojo?

Hombre asustado mirando un artefacto en la puerta del baño
¡El rojo, solo corta el rojo! –. Resonó desde el suelo el altavoz del teléfono, interrumpiendo el silencio en el minúsculo baño.

Sobresaltado, el hombre limpió el sudor de su frente con la grasienta manga de su camisa mientras observaba el reloj que tenía delante de sí. 

Esa mañana la urgencia estomacal que le llevó al baño de su cafetería favorita había pasado de ser, literalmente, una inmensa mierda a una metafóricamente mucho más grande en cuestión de segundos.  

Había entrado en aquel cubículo con los pantalones casi abajo cerrando la puerta sin prestar atención a nada que no fuera evitar ensuciar su ropa. Solo al sentirse desahogado levantó la cabeza lo suficiente para ver aquel horrendo aparato pegado a la sucia puerta metálica. 

El reloj se conectaba con unos pocos cables a algún tipo de explosivo poderoso que, según los dígitos en la pantalla, le mandaría al infierno con todo y su culo sucio en menos de 15 minutos. 

Después de una llamada y varia fotos enviadas estaba allí, ahora con menos de 30 segundos en el reloj, recibiendo instrucciones telefónicas para desarmar el explosivo con su pequeña navaja suiza.

– Vamos, hombre. –. Apremió la voz en el teléfono – Solo son tres cables. Cuídate de los dos verdes, corta el rojo y podrás limpiarte.

Resignado, el hombre sonrió fantaseando con los titulares bizarros del día siguiente:

¡INCREÍBLE! DESCUBRE SU DALTONISMO EN MAL MOMENTO
Y FALLECE EN EL TRONO

Y cortó un cable cualquiera…




Relato participante
en el reto de mes de Enero de 2024






palabras Clave: microrrelato rehen ficcion cuento miedo

domingo, 24 de diciembre de 2023

Nochebuena

Hombre mirando por la ventana a un grupo de monstruos amigables
El hombre, ensimismado en sus pensamientos, miró por la ventana con desgana. A pesar de que podía contar muchas historias sobre lo que veía en el exterior, aquella noche se mantendría al margen de aquel mundo que le fascinaba y en el que se perdía de vez en cuando.

Por ahora, los protagonistas de sus escritos quedarían afuera. Aquella noche, su mundo era aquella habitación repleta de ángeles, reyes y reinas del mundo real. El resto, bueno, el resto tendría que esperar.

Un coro de gritos de alegría lo sacó de sus pensamientos. Sonriendo, saludó con la mano a los seres fantásticos que lo observaban desde fuera, y cerró la cortina de la ventana para apresurarse al encuentro de quienes lo llamaban desde dentro.

–  Hey, el regalo grande es el mío… -. Dijo mientras un grupo de niños le abrazaban las piernas

–  ¡Feliz Navidad Tío!, ya llegó Santa.

Y aquella noche, Nochebuena por cierto, los protagonistas de sus historias se quedaron afuera… provisionalmente. 




A todos los lectores asiduos de mi blog, especialmente a mis amigos de El Tintero de Oro, les quiero dar las gracias por acompañarme durante este año. Sus comentarios me ayudan a pulir mis historias y a mejorar mi escritura. Se les aprecia mucho. Desde Venezuela, les deseo una muy feliz Navidad y un excelente año 2024 lleno de éxitos y alegrías. Un abrazo a todos. (Octavio)

Grupo de monstruos navideños con regalos rodeando una fogata


sábado, 9 de diciembre de 2023

El Espejo

Pareja Hetero de magos adolescentes observando un gran espejo colgado en la pared
La joven pareja, con su aspecto fresco y juvenil y sus túnicas escolares, contrastaba con la apariencia antigua de aquella habitación. Décadas de polvo se habían acumulado sobre el suelo y los muebles que parecían testigos de tiempos mucho mejores. La tenue luz de un candelabro en manos de la chica iluminaba la amplia escena, en la que se podían apreciar algunos de aquello muebles cubiertos con mantas o cortinas, como si alguien hubiera intentado protegerlos mucho tiempo atrás.

Mientras su compañero centraba su interés en la puerta del balcón, cerrada, empolvada y derruida como todo lo demás, la chica recorrió la habitación. Al llegar a la pared del fondo, se detuvo delante de un gran objeto cubierto con una sábana. Los pliegues de la tela dejaban al descubierto partes de un marco dorado con algún tipo de runas, indescifrables pero de una extraordinaria calidad artística.

– ¡Oesed! –. Dijo en voz baja, mientras tiraba de la sábana haciéndola caer – ¡Estás Aquí!

Alertado por aquel susurro, el chico detuvo su labor con la puerta fijándose en la muchacha y en el mueble que había descubierto. Un enorme espejo con un pesado marco de oro que, desde su punto de vista, extrañamente mostraba una superficie totalmente negra y opaca.

– ¡Teresa, ten cuidado! – dijo, tratando de llamar la atención de su compañera.

La chica le miró con una sonrisa y una amorosa mirada que tranquilizaron al inquieto muchacho.

– Tranquilo Ren, sé lo que es y lo que hace… Ven, mirémoslo juntos. 

– Es una pérdida de tiempo Teresa, y peligroso, sabes lo que veremos.

– Aún no es la hora. Ven, será bueno para nosotros.

– ¡Teresa…!

– Anda, ven.

Primer plano de un mago abriendo una puerta con magia de su varita
Renato miró a los ojos de aquella chica que extendía su mano hacia él. Hacía tiempo que sabía que la amaba, que daría todo por ella. Era la única en la que de verdad creía y confiaba en aquellos tiempos de locura.

Alejándose de la puerta, buscó entre los pliegues de su túnica hasta encontrar una pequeña vara de madera con la que señaló la cerradura.

– ¡Alohomora! 

Una pequeña y rápida lluvia de chispas salió de aquella varita hacia la cerradura y, sin más esfuerzo, la vieja puerta se abrió de par en par. Abriéndola y cerrándola con cuidado, se aseguró de que no tendría más dificultades y tomó con delicadeza la mano que le extendía la chica acercándose a ella para mirar juntos aquella superficie pulida.

– ¿Cuánto tiempo crees que tenga aquí? – Preguntó la chica

– Mínimo desde la caída de Tom. El Profesor Romulus dijo en clase que una vez se usó para un hechizo de ocultamiento y después nadie supo de él. Muy pocos magos lo recuerdan ahora.

– Papá dijo que se había quemado… pero aquí está.

Ambos quedaron en silencio observando aquel espejo. Extrañamente, cualquier observador externo solo seguiría apreciando la superficie oscura y sin reflejos. Sin embargo, la expresión de felicidad que invadió los rostros de la pareja indicaba que había algo más.

Pareja de magos adolescentes viendo un espejo en la pared
– Que suerte he tenido –. Dijo la chica, extasiada, mientras apretaba dulcemente la mano de su compañero.

Es que aquel espejo le mostraba en ese instante imágenes épicas de batallas y enfrentamientos. Con emoción, vio como legiones enteras de magos se enfrentaban entre si luchando por una sociedad sin desigualdades en la que ninguna magia fuera proscrita y que la carencia de ella no fuera marca de inferioridad. Vio ejércitos enteros marchar por todo el mundo mágico impartiendo paz y justicia a todos los niveles. Y, a la cabeza de esos ejércitos, su amado Renato. Portando las más poderosas reliquias y trayendo el orden al caos, con ella a su lado fortaleciéndole con su amor. 

– No más que la mía –. Respondió Renato en un susurro, apretándose al cuerpo de su compañera sin soltar su mano.

Pareja de magos adolescentes viendo un espejo en la pared
A diferencia de Teresa, aquel espejo mágico mostraba a Renato escenas de paz. La paz de la familia, del amor compartido y del apoyo desinteresado. Desde aquel espejo, una Teresa y un Renato distintos le observaban sonrientes, mostrando con orgullo un par de hermosos niños jugando con un grupo de elfos. Todos con las togas escolares de su casa, en un campo soleado y en un contexto pleno de amor y sin preocupaciones. Era su vida, la que había perdido, la que le observaba desde aquel espejo.

Una gran explosión y muchos gritos provenientes del exterior provocaron un sobresalto en la pareja de magos sacándolos de su abstracción.  Rápidamente, el chico volvió a cubrir el espejo mientras observaba fuera de la habitación por la puerta abierta… Ya no tenían tiempo. 

Impulsados por una descarga de amor, ambos magos se abrazaron uniendo en uno solo sus corazones tratando de controlar las lágrimas que asomaban en sus ojos. Separándose pero sin soltar sus manos, respiraron profundamente y caminaron hacia la puerta.

Endureciendo la expresión de sus rostros, se miraron por última vez y, al unísono, avanzaron hacia el balcón donde les esperaba su destino. Los gritos eufóricos y las explosiones se incrementaron mientras alguien les recibía con emoción:

Pareja de magos adolescentes desfilando en una marcha de magos
“Honor y gloria, gloria y honor a Renato Potter y Teresa Ryddley. Los líderes de la casa de Slytherin y del nuevo mundo.”

Atrás, en aquella habitación, quedó nuevamente abandonado el Espejo de Oesed. El objeto mágico que solo refleja los mayores deseos de tu corazón.








Puedes Escuchar mi Historia desde
Mi Canal de Youtube






Relato Corto Original de mi autoría
Participante en el reto
del mes de Diciembre de 2023






palabras Clave: Magia Magos Harry Potter varita varitas

viernes, 10 de noviembre de 2023

La Exhibición

Grupo de extraterrestres observando un aviso en una pared.
AVISO

Respondiendo a los hechos de esta mañana, la comandancia general ha decidido tomar una serie de acciones destinadas a garantizar la seguridad de esta comunidad. 

Instamos a los capitanes de unidad a asegurar el cumplimiento de las siguientes normas destinadas a lograr una defensa más efectiva y una pronta victoria:

  1. Se prohíbe la permanencia en el exterior en el horario comprendido entre las 1900 y las 0700 horas.
  2. Los pases de salida se otorgarán solo a los grupos operativos de logística con escolta. Todas las salidas estarán restringidas al horario comprendido ente las 1000 y las 1400 horas.
  3. Los capitanes deberán garantizar los suministros a las unidades especializadas que efectuarán labores de limpieza exterior. Para ello se servirán a discreción de cualquier pertrecho en nuestras instalaciones.
  4. Los residentes no combatientes se mantendrán en sus cubículos y pondrán a disposición de los grupos operativos cualquier recurso, material o humano, requerido. La lucha es responsabilidad de todos y no hay sacrificio demasiado grande para la victoria.

Hermanos, por milenios hemos sobrevivido a plagas, guerras, cataclismos geológicos y eventos interestelares… y aún estamos aquí. Esta vez, en unidad, también sobreviviremos.

Nota: El Servicio fúnebre de los caídos se realizará a las 0800 horas. Agradecemos Puntualidad, la unidad médica deberá asegurar la disposición de los cuerpos antes de su transformación. 

C.R.E.

DATOS DEL DOCUMENTO HISTÓRICO

Cod: AR_TI15F2534
EDAD SOLAR: ¿1600-1700 ciclos?
ORIGEN: PLION1485 (Tierra. Sin formas de vida inteligente. Probable Holocausto Zombie)
TIPO: Texto Arqueológico
UBICACIÓN: Museo interestelar SOL859S (En Exhibición)






sábado, 28 de octubre de 2023

La silueta en la Oscuridad

silueta de slenderman mirando a la luna llena al lado de un arbol
Aún recuerdo claramente la primera vez que lo vi. La verdad, no sé qué fue lo que me llevó a fijar mi atención en él. Es que no era fácil detectar la oscura silueta que se levantaba inmóvil en lo alto de aquella pequeña colina. 

Recortada contra la brillante luna llena de aquella noche de octubre, la alargada silueta parecía más una de aquellas sombras de la noche a las que nuestro cerebro tiende a otorgar rasgos de humanidad.

Casi tan alta como el joven y desgarbado abedul a su lado, se podían diferenciar claramente dos troncos y dos largas ramas que bien podrían haber sido piernas y brazos si no fuera porque los unos parecía llegar casi hasta el suelo y las otras eran bastante más largas que el resto del cuerpo. 

Recuerdo que me causó gracia comparar aquella figura con el pequeño juguete de goma que le robé a aquel niño bobo y con el que me divertía estirándolo hasta romperlo. Solo que las piernas del juguete no lograron estirarse tanto como los de aquella figura y su cabeza… ¡Por Dios!.. Qué extraña era la forma de su cabeza. Era una especie de caramelo ovalado que, por efecto de las sombras imagino, parecía tener aún el empaque a medio abrir, a modo de sombrero.

No lo pude evitar. No sé por qué lo hice, pero coloqué en el suelo la caja que llevaba en mis manos y con la que me pensaba divertir aquella noche en el bosque. Con un puntapié acallé los maullidos que salían de la caja y colocando mis manos a manera de bocina, le grité a aquella sombra:

–¡Eh! Cosa Horrenda. ¿Estás aburrido en tu porquería de colina?... baja aquí y diviértete conmigo.

Sentí como la sangre se congeló en mis venas, les juro que aquella sombra en la colina se movió y giró su cabeza hacia mí como si me mirara. Durante unos minutos, o tal vez horas no lo sé, me quedé allí parado mirando hacia la colina, esperando alguna señal de vida en aquella sombra que, extrañamente, permanecía allí inmóvil. Exactamente igual a pesar del avance de la noche.

– ¡Bah! Debo dejar el tabaco – Dije para mí, respirando profundo, tratando de influir de alguna manera en mi ánimo.

Me agaché a recoger la caja y, al levantar nuevamente la mirada, pude sentir como el corazón trataba de salir por mi boca. En la Colina solo estaba la sombra inconfundible de aquel abedul… ¡LA PUTA FIGURA ALARGADA YA NO ESTABA!

Niño asustado en un bosque con una caja en sus manos
Sé que parece estúpido, pero el miedo se apoderó de mí de una manera que jamás había pensado. Casi a punto de estallar miraba desesperado en todas direcciones tratando de identificar cualquier amenaza. No había nada.

Súbitamente, un ruido a mi espalda me paralizó. Claramente sentí como algo se movía, pero el pánico me impedía moverme. Trataba de ordenar a mi cuerpo que moviera las piernas, que se girara, que soltara la caja y corriera… cualquier cosa que rompiera aquella inmovilidad. Pero algo me detenía, me paralizaba colocándome a merced de lo que fuera que estuviera allí acechándome. 

Ese algo atrás de mí, tomándose su tiempo, se acercó hasta quedar completamente a mi espalda. Lo sentía allí, como una gigantesca presencia a la cual no podía ver por más que giré mis ojos hasta casi dar la vuelta hacia el interior de sus cuencas. Mi mente gritaba, pero mis labios no se movían, daba órdenes de huida a mis músculos pero mis nervios no las transmitían. Sea lo que fuera, me dominaba… era suyo.

De pronto, aquella sensación de realidad se hizo física. Algo me rozó la espalda y se deslizó pesadamente sobre mi hombro derecho. En ese momento pude verlo. Una pesada forma serpentina se movió por mi hombro bajando hacia mi cuello en un intento de terrorífico abrazo pesado y viscoso… Y eso fue todo. Mi sistema interior sufrió una descarga de adrenalina que, de alguna manera, venció aquella parálisis que me sometía y todo mi cuerpo reaccionó al unísono en una desesperada acción de supervivencia. La caja y su contenido volaron por el aire… y Corrí. 

Corrí como nunca en la vida por aquel bosque oscuro y la carretera que llevaba a él. Corrí con el raciocinio consumido por el instinto de supervivencia. Corrí azuzado por un pánico más allá del miedo a la muerte. Corrí sin saber que no escaparía, que había cruzado las puertas del infierno y que ya no habría regreso.

Corrí hacia la nada porque, desde aquella noche, aquella silueta oscura ya no se separó de mí. 

Imagen realista de Slenderman mirando a través de una ventana
Durante meses, desperté sudoroso a media noche y la veía ahí fuera, en la ventana. Una cara pálida sin rostro bajo un sombrero ridículo, alto y chistoso. O al pie de cualquier árbol camino a la escuela, extendiendo hacia mí esos brazos alargados y sin manos, llamándome.

Me seguía aun yendo yo en mi bicicleta, dando grandes pasos con esas piernas como zancos. Sin importar cuán rápido fuera, siempre llegaba conmigo a cualquier lugar… Y solo me veía, con sus brazos extendidos.

Pasaron los años y, aun siendo un adulto, nunca pude separarme de mi acompañante. Me volví huraño y repudié la compañía de otros, quizá cansado de que se burlaran de mis miedos. Ahora, no tengo familia o amigos, ni nada que atestigüe mi vida… Solo me queda él.

Slenderman parado en la calle visto por la ventana desde el interior de una casaAún ahora está ahí afuera, puedo verlo a través de mi ventana, tal y como ha sido desde que era un niño. Pero ya estoy cansado, no huiré más. Esta noche, cuando la luna esté en su máximo esplendor, iré hacia él y aceptaré su abrazo. Ese abrazo que me ofreció una vez y que hoy pienso fue un error haber rechazado.

Iré con él esta noche, sé que no regresaré. Pero dejaré estas líneas para quien las encuentre. Dejaré mi historia para que el mundo sepa sobre la noche que invité a jugar a Slenderman.




palabras Clave: cuento terror slenderman creepypasta bosque sombras miedo halloween

viernes, 13 de octubre de 2023

Rebelión (Relato Corto)

La pequeña figura que descansaba en las ramas de aquel árbol despertó súbitamente, alertada por el fuerte viento entre las hojas. Cuidadosamente, se irguió en la oscuridad escuchando atentamente los mensajes que viajaban a través de la noche y que solo las criaturas del bosque podían entender.

Con un gesto de desagrado, olisqueó el aire enrarecido que el viento traía desde el norte. No pudo evitar un sentimiento de odio e impotencia, a pesar de todos los deseos y las promesas a los antiguos dioses, el enemigo estaba allí. 

Extendió su cuerpo lo más que pudo colocándose en puntas de pies y estirando sus brazos como tratando de alcanzar algo sobre su cabeza. En esta posición, algo detrás de su espalda comenzó a emitir un ligero brillo fluorescente que, de alguna manera, rompió la monotonía de la oscuridad nocturna. 

Como en una extraña danza, contorsionó el torso al ritmo de alguna canción o conjuro ocultos en su memoria. A cada movimiento, la ligera fluorescencia en su espalda se hacía más intensa hasta que, finalmente, una última sacudida provocó el despliegue de dos hermosos pares de alas de un tenue color azul con ribetes purpura.

Sin dejar de prestar atención a las advertencias de la noche, extendió al máximo las alas y las movió hasta que, aleteando con tal velocidad que serían casi imperceptibles para el ojo humano, tuvieron la fuerza suficiente para elevarle en el aire con una gracia que las aves o cualquier criatura voladora envidiaría.

Emitiendo un urgente llamado, que en oídos humanos sonaría a una suave música o un melodioso zumbido, la figura se elevó sobre los arboles del bosque hacia el estrellado cielo nocturno. Poco a poco, de entre la espesura y a todo lo ancho del bosque, otras pequeñas luces fueron elevándose hasta alcanzar su misma altura revelando la presencia de más hermanos de su propia especie.

Tratando de no dejarse dominar por la emoción, la criatura observó cada uno de aquellos puntos luminosos. Aunque eran aparentemente iguales, podía diferenciar a cada uno de ellos y llamarlos por sus nombres. Sintió como la tristeza le apretujaba el pecho, aquel poco menos de medio centenar de criaturas aladas que respondieron a su llamado era todo los que quedaba de los miles que alguna vez poblaron aquel bosque. 

Es que, antaño, pululaban en la floresta criaturas de las que los hombres ni siquiera oyeron u oirán jamás. Enanos, Trolls, Gnomos, Hadas y muchas otras especies crecían y prosperaban allí  en tal número que nadie podría nunca jamás pensar siquiera en enfrentarlas. 

Pero el ansia del poder y los deseos de dominación les perdieron. Por siglos lucharon entre si hasta que los caídos en batalla superaron ampliamente los nacimientos. Generación tras generación, su número disminuyó hasta que ya no valía la pena luchar. Eran tan pocos que el bosque, ahora, casi los tragaba y podían pasar siglos para que la casualidad llegase a juntar a dos miembros de especies distintas. De ser un bosque que hervía de vida, pasaron a ser una colección de minorías en las que las demás especies eran apenas leyendas, vestigios de épocas poderosas, vigentes solo en la mente de los más ancianos.

Seguro de que no habría más puntos luminosos, la figura emitió otro apremiante llamado y emprendió, junto con los demás, el vuelo en dirección a la frontera norte del bosque. Pero no iban solos. Allá abajo, entre los árboles, el movimiento de las hojas, ramas quebradas y un fuerte ruido de algo poderoso que avanzaba por tierra en su misma dirección les acompañaba.  

Mientras volaba recordó los tiempos de la llegada del hombre. Primero unos pocos, allá en la pradera. Temerosos al principio, quizá de las historias que contaban entre ellos, evitaban el bosque. Sin embargo fueron llegando más hasta que, envalentonados por su número, ya no temieron… y ellos eran demasiado pocos para detenerlos. Cientos de hermanos cayeron junto con los árboles que el hombre quemó por siglos en sus fogatas. 

El ruido y las luces le sacaron de sus cavilaciones. El viaje fue mucho más rápido que cuando era joven, señal de que el bosque era cada vez más pequeño. Con un dolor indescriptible, vio como un camino había aparecido donde antes había en pie un centenar de árboles milenarios. Gigantes que yacían ahora a un lado en el suelo, despedazados por un grupo de hombres apoyados en cegadoras luces y poderosas maquinas.

Mientras observaba el campo destruido, un aliento del viejo orgullo de su especie le plenó el pecho. Con un aire renovado y la emoción de siglos de dominación emitió un nuevo llamado, un fiero grito de guerra, del que sus hermanos hicieron eco.

Juntos, impulsados por la ira, aquellos seres ancestrales emprendieron un raudo vuelo hacia los humanos en búsqueda de su venganza. Esta noche, los invasores recordarían el por qué una vez temieron al bosque y a la oscuridad. 

Arrogantes al principio, el miedo terminó anidando en el corazón de los hombres que, torpe e inútilmente, intentaron huir.  Esta vez no solo enfrentaban aquel ataque alado. El ruido de ramas crujiendo, los terribles rugidos, los gritos ensordecedores y las gigantescas rocas volando desde el bosque les hizo comprender que, esa noche por lo menos, las minorías marginadas no serían tales y la mayoría que una vez exhibieron no sería más que una ilusión.




palabras Clave: cuento hadas relato corto fantastico magia oscuridad guerra fogata leyenda

lunes, 25 de septiembre de 2023

Extraña cosa... Extraña de verdad (Microrrelato)

El avezado policía parecía observar con desconfianza el cadáver sobre aquel montón de papeles. Sabía quién era. Su familia era dueña de una mitad de la ciudad y acreedora de la otra mitad.

Sin embargo, la única habilidad que demostró el occiso fue la de gastar dinero a manos llenas. Criador de caballos, Piloto, vitivinicultor, arqueólogo, y últimamente escritor sin musa, fueron solo algunas de las aventuras millonarias que emprendió durante su vida.

Extrañamente, al final, fue la escritura la que pareció darle frutos. Su único libro: “Pídeme un deseo y lo verás por escrito”, causó furor convirtiéndolo en estrella.. 

Y allí estaba ahora, muerto. Sin computadora o máquina de escribir a la vista. Tendido sobre un montón de hojas escritas evidentemente a mano con aquella vieja pluma de ganso y tinta de un tintero dorado, ahora vacío, aún sobre la mesa… Muy extraño.

Con la vieja pluma, escribió la palabra “FIN” sobre un pedazo de papel y la comparó con la letra en las hojas tiradas. La misma tinta. Aquel hombre parecía escribir su obra con aquel tintero, aquel tintero dorado. Miró con envidia las hojas abandonadas sobre la mesa, de seguro sería una verdadera locura de ventas..

Satisfecho, se dispuso a salir de la habitación. Algo, sin embargo, llamó su atención en el viejo tintero. Levantándolo hacia la luz, pudo observar unas pequeñas letras cerca de su base que ameritaron toda su agudeza visual para ser leídas:

"Omnia habet pretium."

Extraña cosa aquella chuchería… extraña de verdad. 




Presentado en el reto del mes
de Septiembre de 2023 en




palabras Clave: cuento terror asesino microrrelato armas crimen pasional