La he pensado en silencio, como quien escucha una melodÃa que no necesita descifrar.
En su forma de querer: como si caminara descalza entre fragmentos de luz, sin ruido, sin prisa, sin promesas. En sus silencios, que no son ausencia, sino un manto que la abriga, una coraza que la custodia.
No sé qué sombras la llevaron a construir sus muros: quizá inviernos largos, quizá manos que apretaron sin sostener. Tal vez solo el oficio de resguardarse sin desvanecerse. Aprendió a protegerse, y en esa protección hay una belleza callada, no distante, tejida con cuidado. Un refugio para lo que aún tiembla.
A veces no supe leerla. Buscaba antorchas, palabras o acciones que dijeran “te veo”. Cuando no llegaron, me dolió. Me dolió como un silencio que espera un murmullo y solo halla eco. Entonces me fui, varias veces. No por falta de amor, sino por falta de mapa. Porque soy hombre de senderos claros, de certezas que se nombran.
Pero ella, sin saberlo, me enseñó que el amor también encuentra su rumbo en la penumbra; que a veces hay que quedarse aún sin brújula, sin eco, sin garantÃa. Ella danza en la penumbra donde yo busco luz, y en esa danza he aprendido a amar lo que no se nombra.
Hoy lo entiendo. Y desde esa comprensión nace mi promesa: no quiero cambiarla ni que se acerque a mi manera. Quiero ofrecerle un lugar donde sus pausas no pidan disculpas,
donde su independencia no sea frÃa, donde su tiempo no despierte dudas.
Quiero ser un refugio que no encierra, una raÃz que sostiene sin invadir, una presencia que abraza sin exigir. No quiero derribar sus muros: quiero permanecer como fortaleza en la que su corazón repose . Seguro y sin demandas.
Hoy elijo quedarme: ser luz que no reclama llegada, ofrecerle mi abrigo sin deuda. Ser apoyo que no ahoga la flor, cimiento que acompaña en silencio, mirada que no teme su vuelo.
Puede que no me ame como yo a ella. Aun asÃ, ella merece ser amada. Y yo merezco amar a alguien como ella: alguien que me obliga a ser más paciente, más hondo, más verdadero. Aunque nunca me elija como puerto.
Y si algún dÃa también decide quedarse, aunque sea solo por un tiempo, aunque tiemble al llegar, yo estaré aquÃ: firme, sereno, listo para sostenerla sin ruido y amarla sin medida.
Y si no, pues seguiré andando,
con el amor como guÃa y la certeza de que la vida guarda auroras que aún no he visto.
con el amor como guÃa y la certeza de que la vida guarda auroras que aún no he visto.


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